El secreto de la parra
Enero 1, 1970
Cuando mi marido, Ricardo, se sentó a la mesa a desayunar el tres de
abril de 2003, no estaba pensando, «¡Hoy voy a morir!» Sin embargo, a
las 19:30 sufriría un infarto que le llevaría directamente a la presencia su
Señor y Juez.
«Ah, fue mucho mejor que muriera de esa manera, en vez de haberse quedado
durante meses sufriendo de una enfermedad horrible», muchos me comentaron
después.
La muerte – ¿había llevado a Ricardo al tormento o al paraíso? Todo el mundo dio
por sentado que Ricardo había ido al paraíso porque había sido muy buena
persona, como todos.
En realidad, si nuestro destino después de la muerte fuera tan fácil o seguro,
no tendríamos que preocuparnos nunca por el tema.
Sin embargo, haríamos bien en preguntarnos, ¿fue Ricardo realmente tan buena
persona como para garantizarle felicidad eterna? En general, la opinión es
que sí, puesto que casi todos podemos alcanzar el nivel de «buena persona» que
ponemos. Así llegamos a conclusiones como la de una amiga mía: «De verdad, Dios
tendrá que acordarse de mí, porque he sido buena».
Vivo en un pueblo muy agradable. Cada mañana los vecinos se saludan. Se ayudan
mutuamente con las tareas del día a día. Muchas veces me han regalado una bolsa
de verduras o de fruta, productos de sus propios huertos. Ellos me han cuidado
la huerta, podado los árboles, arreglado las goteras, vigilado como viuda, y
todo esto sin buscar recompensa. Es gente buena.
Sin embargo, ¿podemos dar por sentado que les espera un final feliz? ¿Es posible
que Dios sea tan cruel como para no tomar en cuenta la bondad de personas como
éstas cuando decide si van al Cielo o no?
Según la Biblia, hay una respuesta definitiva. Permíteme usar una
historia que ilustra muy bien esa respuesta.
Durante el verano, disfruto comiendo muchos domingos en casa de unos amigos.
Comemos fuera, con la mesa puesta debajo de una enorme parra repleta de
magníficos racimos de uvas. La parra, sujetada por hierros por su gran tamaño y
peso, nos da sombra en el verano y con su abundancia de uvas brinda una belleza
a todo lo que la rodea.
La parra es hermosa. «¡Qué uvas más ricas!» exclamamos al saborearlas. Y mirando
la abundante fruta producida por la parra, pienso en la gente buena haciendo
tantas cosas buenas a lo largo de sus vidas. Son como la parra buena; sus
racimos son sus buenas obras.
Un día mis amigos decidieron indagar en la fuente que alimentaba la parra.
«¿De dónde sacará su fuerza?» se preguntaban.
Lo que descubrieron nos asombró a todos. ¡Las raíces de la parra habían
encontrado el pozo negro de la casa!
Uvas hermosas – ¡sí! – pero ¡de una fosa séptica completamente contaminada!
Nuestro fruto como seres humanos, o las cosas buenas que hacemos, no es distinto.
Hacemos muchas cosas buenas. Sin embargo, aunque no siempre es aparente, hay una
mancha que lo cubre todo, una mancha que viene de lo más hondo. Las buenas obras
de los seres humanos están contaminadas por su fuente.
Sin una vida nueva en Cristo, nuestra fuente es el pozo negro de nuestra
propia naturaleza humana. La plaga del pecado, heredada de los primeros
humanos que jamás vivieron, contamina a cada persona desde el momento de su
concepción.
De la misma manera que las hermosas uvas de esta parra son incapaces de mejorar
o limpiar la fosa séptica (su fuente de energía), hacer el bien no puede
mejorar la fuente contaminada – el pecado de raíz – de cada ser humano.
Sin embargo, hay una solución. El Señor Jesucristo nos dice, «Ven a mí. Yo
soy la solución. Déjame rescatarte de la contaminación que plaga tu vida, y
darte una nueva fuente de fuerza – ¡yo mismo! Entonces tus raíces sacarán sus
fuerzas de mí y de mi limpieza absoluta.»
Puedo decir con seguridad que fue la misericordia de Dios lo que permitió que
Ricardo muriera de un infarto fulminante, simplemente porque el destino eterno
de Ricardo ya estaba seguro. Ricardo había tomado la decisión de confiar
plenamente en el Señor Jesucristo como su pago total por su falta de perfección
delante de Dios. La Biblia nos dice que el regalo de Dios es vida eterna a
cualquiera que deposite su plena confianza en el Señor Jesucristo como su único
sustituto en pago de su falta de perfección delante de Dios.
¿Has pedido al Señor Jesucristo que te haga nueva a través de su pago por tu
contaminación? ¿O tus buenas obras todavía tienen su origen en el pozo negro que
te ha infectado desde tu concepción?
No des por sentado tu destino eterno, y asegúrate de saber hacia dónde te
diriges. Deja que el Señor Jesucristo te dé una nueva fuente interior, ya que
sólo así podrás producir «uvas sin contaminación» – las buenas obras auténticas.
©
Connie M. Clark
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Misiones en alta mar
Enero 1, 1970
La primera vez que escuché hablar sobre Operación Movilización (OM) tenía
16 años. Llevaba pocos meses en la universidad cuando comenzó una huelga
estudiantil que hizo difícil que asistiera con regularidad a las clases. Mi
madre era la secretaria de la iglesia donde éramos miembros y estaba revisando
el correo recibido esa tarde. De repente dijo, «Mira, Lisa, hay un
barco-librería cristiano que viene para San Juan y necesitan voluntarios».
Llamamos al teléfono de contacto sin imaginar que esa llamada cambiaría el rumbo
de nuestras vidas.
Desde los 12 años había vivido con la ilusión de ser misionera, pero no sabía
qué pasos dar ni por dónde empezar. El ir en 1981 de voluntaria al barco
Doulos fue el agua que regó esa plantita, ayudándola a echar raíces de
esperanza en mi corazón, que se harían realidad en mayo de 1986 cuando salí de
mi isla para unirme como tripulante del barco Logos.
La historia de OM se remonta a los años ’50, con una viejecita norteamericana
que oraba por los jóvenes estudiantes de la escuela frente a su casa. Uno de
esos jóvenes era Jorge Verwer, que fundaría OM. Como fruto de interrogantes que
él tenía en su corazón, decidió asistir a una campaña de Billy Graham y allí
recibió a Jesús como Salvador. De personalidad más bien extravagante, Jorge
entregó a Dios todo su ser y se convirtió en un «activista» para Cristo.
Ya en 1956 decidió comprometerse con las misiones. En 1957 se unió a una campaña
evangelística en México junto a dos amigos universitarios, y esto les dio la
idea de hacer campañas durante los veranos para movilizar a jóvenes de los
colegios y universidades adyacentes para predicar el evangelio en diferentes
partes del mundo. Estos viajes misioneros estivales han sido la base de OM desde
el principio y un área muy importante de la estrategia evangelística: aprovechar
las vacaciones para invertir tiempo, dinero y esfuerzo en un proyecto de alcance
para la eternidad.
A
mediados de los años ’60, Jorge comenzó a orar por un ministerio con barcos para
ir hasta la India, llevando gente de diversos países a entrenarse en misiones
allí y en otros países cercanos. Esa idea – un tanto loca para algunos en ese
momento – fue tomando forma a través de la provisión de Dios de dinero y
personal, y en 1970 dieron el gran paso de fe de comprar un muy bonito, pero
pequeño y un poco viejo, barco llamado Umanac, que se convirtió en el
Logos. En 1977 se lanzaron a la compra de otro barco más grande que
bautizaron como Doulos.
Cuando yo me uní al Logos lo hice con grandes expectativas y mucha emoción ya
que era el cumplimiento de muchos años de oración y preparación para poder salir
al campo misionero. Para mí fue la realización de un sueño que muchas veces me
había parecido extremadamente lejano.
Catherine R Navarro fue una de las primeras chicas que conocí a bordo. La muy
enérgica y simpática colombiana resume su experiencia con OM de la siguiente
manera:
Mi tiempo con OM me abrió los ojos, me brindó una perspectiva más amplia,
pude poner en práctica enseñanzas bíblicas y entender el amor y compasión de
Dios hacia la humanidad. Yo llegué muy joven a OM, así que me maduró,
fortaleciendo mis bases cristianas para entender que mi compromiso es con Dios,
que la razón de mi existir es Él, que al servirle, mi vida tiene sentido, que no
tengo que ser «super especial y tener toda clase de dones». El usa gente común y
corriente.
Educativamente aprendí de culturas, idiomas, costumbres, enseñanzas bíblicas,
formas efectivas para presentar el evangelio, etc.
Laboralmente me preparó para trabajar honesta y profesionalmente porque lo que
hago, lo hago para el Señor.
En cuanto a lo familiar, (me ayudó) a darme cuenta que mi familia va más allá de
la que vive bajo mi mismo techo. Tengo una familia inmensa en Cristo a la cual
debo respeto y cariño; y a los que no son familia... los puedo invitar a ser
parte de ella. De hecho, creo que fue mucho más fácil adaptarse a la vida en OM
que regresar a la vida «normal».
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© 2007 Lisania Meléndez-Rhoton
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María los domingos; Marta los lunes
Enero 1, 1970

Cuando llega el lunes por la mañana, puedo convertirme en «Marta» muy rápido,
después de haber sido «María» el día anterior. El día anterior, domingo, me he
sentado a los pies de mi Señor, escuchando un mensaje de su Palabra. Pero según
empiezo a darme cuenta de todas las cosas que hay que hacer, me siento
preocupada y esclava de la lista de quehaceres. Hay ropa para lavar, platos
sucios en la pila, una comida por preparar, comida que necesitamos comprar,
camas por hacer, suelos por barrer y fregar, llamadas que hacer, por no
mencionar la plancha. La lista continúa.
Sin embargo, ¿acaso no es por eso – para atravesar estos momentos de estrés –
que mi relación con Dios es tan importante? Recuerdo una noche cuando me fui a
la cama y me tumbé encima de la manta eléctrica durante un buen rato hasta que
me di cuenta de que ¡no la había enchufado! ¿Por qué no nos enchufamos a la
fuerza de nuestro Señor en lugar de creer la mentira de Satanás y tratar de
hacerlo todo por nosotras mismas? Es como si pongo a Dios sobre el estante y
digo, «¡Voy a hacer este trabajo yo sola!» ¡Nuestra autosuficiencia nos hace
daño!
¿Es posible hablar con Dios en medio de todo? Mi hermana mayor compartió conmigo
como ella solía recordar mi madre cantando mientras hacia la colada. (¡Mi madre
tenia 7 hijos!)
A menudo no me doy cuenta del privilegio que es tener una familia porque la
rabia que tengo es por el trabajo que tengo que hacer para ellos. Esto no tiene
nada de sentido porque yo oré durante mucho tiempo para tener un marido con la
esperanza de llegar a formar una familia. Puedo empezar a enfadarme con mi
familia los lunes si ellos interrumpen mi horario. En muchos casos es el
resultado de un corazón egoísta. Si, puedo decir que lo hago todo por suplir las
necesidades de mi familia, pero debo recordar lo que dice 1 Corintios 13:1-3:
«Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser
como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y
entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como
para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis
bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser
quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha».
Si tengo todas estas cosas pero no tengo una buena actitud al hacerlo, no soy
nada.
La palabra de Dios se aplica a nuestro trabajo en casa. Filipenses 4:6: dice,
«Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con
acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.»
Quejarse entristece el corazón de Dios. Sin embargo, una repuesta de queja y
amargura es lo que permito que entre cuando me siento desbordada. Yo soy la
jefe, no mi Dios. Yo soy la que dirige, no el Espíritu Santo.
Siendo prácticas, esto significa que es necesario no tener metas demasiado
altas. Es más importante tener dos metas que ocho.
Otra idea es hablar con tu esposo sobre tu horario. Es bueno comunicarse en
cuanto a qué es lo más importante que hay que hacer ese día y cómo es posible
trabajar en equipo. Cómo aprecio cuando mi marido desea ordenar sus planes para
el día. Pero yo también necesito ser sensible a su horario y ayudar en lo que
puedo. Por ejemplo, el otro día yo quería tener un tiempo de oración por
nuestros hijos y también un tiempo para hacer natación. Pero parecía imposible
ya que tenía que llevar a mi hijo a la escuela. Normalmente me perdería tanto la
oración como la natación, pero sentí una necesidad auténtica de hacer ambas
actividades. Por el simple hecho de mencionarlo a mi marido y hablar sobre ello,
me di cuenta de que él podría cambiar un compromiso con bastante facilidad, lo
que haría posible que él llevara a nuestro hijo a clase.
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© Mary Kay Eichelman
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Mentiras que las mujeres creen
Enero 1, 1970
Reseña: Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace libres
-
Nancy Leigh DeMoss
-
Editorial Portavoz, 2004
-
253 páginas
-
Categoría: Mujer, vida cristiana
¿Viviendo a base de mentiras?
por Elizabeth Clark Wickham
Antes de pedir Mentiras que las mujeres creen y la verdad que las hace
libres por Nancy Leigh DeMoss, me metí en Amazon.com para echar un vistazo a
las reseñas. La página estaba que echaba chispas de la controversia que había
generado esta escritora, conferenciante, y presentadora de un programa de radio.
Después de leer Mentiras que las mujeres creen, te puedo asegurar que es
un libro tanto poderoso como polémico. Toca las creencias sagradas – que DeMoss
identifica como mentiras – que hemos mantenido específicamente durante las
últimas décadas sin cuestionar las mujeres, como,
- «Una carrera fuera del hogar es más valiosa y satisfactoria que ser esposa y madre.»
- «Si mi esposo es apático, debo tomar la iniciativa o no sucederá nada.»
- «Nosotras decidimos cuántos hijos tener.»
- «No somos responsables de lo que hagan nuestros hijos.»
- «No puedo hacer nada cada vez que mis hormonas se descontrolan.»
- «La solución para la depresión se encuentra ante todo en la medicación o en la psicoterapia.»
- «Si mis circunstancias fueran diferentes, yo sería diferente.»
Seguro que ya estás reaccionando, pero intenta mantener la compostura.
Sólo te digo una cosa: Puedo estar más o menos de acuerdo con la
interpretación bíblica de DeMoss, pero el efecto global del libro es
positivo y transformador. Después de leer su libro estoy re-sensibilizada
hacia las ideas que me rodean y que han impregnado mi manera de vivir. ¿Realmente
son ciertas? ¿Cómo se comparan a lo que dice la Palabra de Dios?
En sus secciones de aplicación, DeMoss ofrece una guía práctica en este
sentido – muy apropiada, por cierto, para grupos caseros o células de
mujeres. En primer lugar, te ayuda a identificar las mentiras que has creído.
Después te hace pensar en tu propia responsabilidad: «¿Cómo se han
manifestado estas mentiras en tu estilo de vida?» En tercer lugar, destaca
textos de la Biblia para ayudarte a «declarar la verdad». Por último, te
anima a reflexionar sobre los pasos a seguir para que tu vida se conforme a
la verdad, concluyendo con una oración.
Termino con un ejemplo sobre el beneficio de sumergirse en un análisis de la
mentira y de la verdad durante el tiempo que tardes en leer el libro (y
ojalá que dure mucho más que eso). El otro día una amiga me contaba sus
penas, y queriendo consolarle, le dije, «Lo que necesitas es mudarte». Me
refería a que entonces sus circunstancias cambiarían y todo sería más fácil.
Al día siguiente me di cuenta de que, efectivamente, le había dicho, «Si
cambian tus circunstancias, tú también podrás cambiar. No puedes agradar a
Dios y tener victoria en tus circunstancias presentes» - cuando ¡la Biblia
dice todo lo contrario! Mi amiga no necesitaba una palmadita sino la verdad
transformadora.
Ha sido la verdad de la Palabra de Dios – a través del libro revelador de
DeMoss – que me ha abierto los ojos a algunas mentiras y verdades a medias
en mi propia vida, mentiras como «Estás esclavizada a tu manera de ser y no
puedes cambiar». Me ha recordado una vez más la necesidad de seguir
identificando esas mentiras y combatiendo contra ellas, reemplazándolas con
la verdad. Por polémica que sea la lucha, es una que vale la pena, pues sólo
la verdad nos hará libres.
©
Elizabeth Clark Wickham
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Cómo hacer un estudio bíblico inductivo
Enero 1, 1970
En numerosas ocasiones nos acercamos a la
Biblia sin saber realmente cómo leerla, por dónde empezar, cómo aplicarla…
Nos conformamos con recibir lo que otros elaboran pero no nos acercamos a las
Escrituras siendo conscientes que somos capaces por nosotras mismas de descubrir
y redescubrir verdaderos tesoros para nuestras vidas.
La Biblia es un regalo, y puesto que somos privilegiadas por poderla adquirir y
leer libremente, merece la pena que la exprimamos al máximo. Fue escrita para
que cada uno pudiera estudiarla, investigarla y sacar sus propias conclusiones.
Somos capaces de aprender por nosotras mismas mucho más de lo que a veces
pensamos.
Aún con todo, lo cierto es que muchas veces la leemos pero no hemos aprendido
cómo estudiarla. Las pautas que a continuación se ofrecen, son sólo un modelo,
una guía que pueden ayudarte a descubrir la Biblia desde una perspectiva nueva y
muy enriquecedora.
A fin de poder leer la Biblia con entendimiento, debes responder a tres
preguntas básicas:
-
¿Qué es lo que dice la Biblia? OBSERVACIÓN
-
¿Qué es lo que quiere decir la Biblia? INTERPRETACIÓN
-
¿Qué es lo que me quiere decir la Biblia a mí? APLICACIÓN
10 pautas para hacer un estudio bíblico inductivo
1. Ora.
Si pretendes estudiar la Biblia sin contar con el Señor, éste no tendrá ningún valor espiritual. Ora por ti misma para que Dios te ayude a entender y a aplicar el pasaje a tu propia vida, y para que Dios te llene de su Espíritu.
2. Sitúa el texto en su contexto.
Lo ideal es leer el libro entero o situar el texto en el libro. Define la forma literaria: histórico narrativo, ensayo o tratado teológico, carta personal, carta pública, poesía, parábola, sermón, profecía, alegoría.
3. Lee el pasaje varias veces.
Puedes leer en diferentes versiones o traducciones. Puedes leer también las referencias al Nuevo Testamento (NT) y al Antiguo Testamento (AT) que se hacen del texto. Busca las palabras que no entiendes en el diccionario.
4. Define la idea principal del texto.
Puedes ponerle un título al texto – un título contemporáneo que exprese la idea central.
5. Divide el texto en diferentes párrafos.
Pon un título a cada párrafo, mostrando la relación que existe entre cada título de cada párrafo y el título principal del texto. Fíjate en la progresión de ideas (estructura del texto), compara las ideas y descubre si hay un significado especial en el orden. ¿Las ideas se dirigen hacia un clímax?
6. Busca las palabras clave del texto.
Éstas son aquellas palabras que piensas que son importantes en el texto. Algunas veces las palabras que se repiten te darán la clave.
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©
Ruth Lorente
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Año sabático: entrevista a Rut Calvo Tello
Enero 1, 1970

Rut Calvo Tello, profesora madrileña de 25 años, se tomó un
año sabático después de su último año de educación secundaria, antes de estudiar
historia en la universidad.
CdH: ¿Qué elementos debe tener un año para ser realmente sabático?
Tienes que salir al extranjero, hacer algo totalmente diferente que no hayas
hecho en tu vida, pero luego saber que vas a volver a lo que estabas haciendo
antes. También es cuestión de desconectar. En mi caso, quería desconectar de los
estudios y de estar en Madrid, así que me fui de voluntaria de septiembre a
junio a la organización misionera de Wycliffe en High Wycombe, Inglaterra.
Quería conocer un país nuevo, nueva gente, una cultura diferente, y otro idioma.
CdH: ¿Qué ha aportado este año sabático a tu vida como persona y como
creyente?
Sinceramente, ha cambiado mi vida. Me hizo abrir la mente y ver que España no es
el centro del universo. Vivir en el centro de una organización misionera también
me hizo pensar en si yo quería ser misionera o no.
También me enseñó la importancia de viajar al extranjero, de aprender idiomas, y
de valorar el ser independiente. Al mudarte a un país con un idioma que no es el
tuyo, tienes que aprender a hacerlo todo por ti mismo. Por ejemplo, estás
enfermo y ¡tu madre no te puede traer la sopa a la cama! Es muy importante
aprender a vivir fuera de casa.
En Wycliffe había voluntarios de otros países y esto creaba un ambiente
internacional y cristiano muy positivo. Me enriquecieron mucho los devocionales
diarios, en los que se oraba en diferentes idiomas al mismo Dios. También fue
muy importante leer la Biblia en inglés. Algunos versículos los había leído mil
veces en español, pero al leerlos en inglés cobraban más fuerza.
Mi vida ha seguido enfocada en viajar, aprender idiomas, y ayudar en proyectos
misioneros. Sigo manteniendo las amistades de ese año y, además, ahora tengo un
trabajo genial en el International School of Madrid gracias a ese año sabático.
CdH: ¿Cuáles son las dificultades del año sabático?
Es más difícil volver a tu país que irte, porque cuando vuelves, tú has
aprendido mucho, has conocido mucho, pero los amigos de tu país se han quedado
en el mismo sitio. Llegas con muchas experiencias que quieres contar, pero la
gente realmente ni las entiende o ni tiene interés en oírlas.
CdH: ¿Al volver te sientes como si hubieras perdido un año?
En la universidad, por lo menos en España, no notas la diferencia porque ya de
por sí, hay gente más mayor que tú en clase.
Yo trabajé, pero incluso la gente que sólo viaja en su año sabático, habiendo
trabajado antes, no creo que sienta que haya desperdiciado un año. Todas las
experiencias por las que has pasado y todo lo que has aprendido no lo podrías
recibir si estuvieras en tu propio país haciendo lo que siempre haces.
CdH: ¿Por qué crees que el año sabático no es más común en España?
Si el año sabático se plantea en los años de estudio, se tiene miedo a no volver
a estudiar, ya que se comprueba que viajar o trabajar es más divertido que
estudiar. Conozco a mucha gente que no se toman el año sabático por no perder el
hilo de los estudios.
En España ese año sabático entre el instituto y la universidad no es tan común;
en España yo era la rara por tomar un año sabático. En cambio, en otros países
como Suecia, Dinamarca u Holanda, si no lo haces, tú eres el raro.
Los españoles necesitan cambiar su mentalidad en cuanto a aprender idiomas. Si
tomaran un año sabático en Inglaterra o Francia sería muy útil para aprender el
idioma y también para cambiar ciertas mentalidades españolas – como, por ejemplo,
que comprar una casa es lo más importante en la vida. Verían que en otros países
europeos el alquilar casas es normal.
Más en Plantearse un año sabático.
© Cristianadehoy.com, 2007
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La búsqueda del tesoro: cómo contagiar el gozo de estudiar la Biblia
Enero 1, 1970
¿Qué se puede hacer para que la mujer que estudia la Biblia contigo se
deleite en hacerlo?
Dejar que ella excave, trabaje, y encuentre las joyas.
Permitir que la alumna enseñe a la maestra no es un método común de discipulado.
Más bien, preferimos usar cuadernos con lecciones que casi no tenemos que
preparar. O tal vez hemos mamado la noción de «sentarnos a los pies del
maestro», así que ni siquiera nos planteamos seguir otro procedimiento.
¿Nuestro discipulado sofoca la búsqueda?
Sin embargo, no hay manera más rápida de enterrar el gozo, sofocar el anhelo,
hacerla perder los ánimos que explicárselo todo. Para que la discípula se
realice plenamente, es necesario que la maestra calle, y que la deje exponer
todos los tesoros que ha encontrado recientemente.
Generalmente, las mujeres que sólo escuchan lo que otros han aprendido acerca de
la Biblia no se entusiasman por estudiarla por su cuenta. Permanecen sentadas
con los ojos fijos en la maestra, intentando concentrarse. Sin embargo, su
mirada distante revela que sus pensamientos están lejos del tema. Sus corazones
quieren aprender lo que la maestra está enseñando, pero sus mentes se desvían
con facilidad. El método de la maestra no ha ganado a su alumna; más bien está
apagando su deseo de estudiar la Biblia.
Reconozco que muchas veces me gustaría ser quien enseña y que la discípula
sencillamente me escuche exponer la lección. Sin embargo, como maestra tengo que
aprender a no ser la que siempre habla y a dejar que mi alumna me enseñe qué ha
sacado de su estudio de la Biblia en esa semana.
Cómo hacer un discipulado invertido
No es cuestión de dejar a la discípula sin rumbo. Le doy de antemano el
método que hay que seguir para hacer el estudio, explicándolo en detalle,
dándole ejemplos de mi propio estudio. Le doy un mapa, instrucciones a seguir.
Una de nuestras metas debe ser llegar a tesoros más profundos. Me pregunto si
exigimos lo suficiente cuando estudiamos la Palabra de Dios. Por ejemplo, a
veces ni se nos cruza por la cabeza que podemos buscar el significado de las
palabras en los idiomas originales del texto bíblico. O ni soñamos con sacar
principios del texto bíblico. Sin embargo, si tenemos herramientas eficaces,
podemos aprender a sacar tesoros de la Palabra de Dios. Podemos encontrar
tesoros más profundos de las siguientes maneras:
- simplemente estar quietas meditando y orando sobre el texto,
- buscar versículos que tengan que ver con el texto en una concordancia bíblica,
- consultar un diccionario o un buen comentario bíblico,
- utilizar un buen programa de ordenador sobre la Biblia.
Usando estas herramientas, tanto la maestra como la alumna pueden preparar el estudio entre semana, siguiendo el método que la maestra ya haya establecido.
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©
Connie M. Clark
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Acumulando
Enero 1, 1970

Un texto en la Biblia dice: «No seas como el mulo, sin entendimiento».
Pero así somos los humanos.
Hoy fui a la casa de una ancianita que ya está a punto de morir. Se encuentra en
un asilo para ancianos, lejos de todas sus posesiones terrenales de las que
rescaté algunos libros interesantes, pero cuyas cosas, en suma, se pueden
considerar basura.
Toda una vida se amontona en cajas repletas de polvo, recuerditos inútiles,
fotos de desconocidos, libros antiguos, ropa pasada de moda, y si algo poseía
valor sentimental, se ha perdido en la memoria de ella.
Esto me hizo pensar en la vida de sencillez que Dios nos invita a construir. En
lugar de acumular, él nos pide des-acumular.
Me pregunto: «Si muriera hoy, ¿a quién le servirían mis cosas?» Tal vez algunos
se apropiarían de lo poco de valor que tengo: mis computadoras e impresoras.
Pero los libros que yo amé, muchos los verían como basura. Los CDs que disfrute,
para muchos serían anticuados o aburridos.
La realidad es que un hombre no se mide por los bienes que posee. El hombre más
rico del mundo puede contar con mansiones, autos, aviones, cosas inimaginables
para nosotros los pobres. Pero al marcharse de esta vida, ¿de qué le sirvieron?
Pobres y ricos tenemos los mismos problemas: pleitos en la familia, falta de
amor, inseguridad y temores, ambiciones frustradas, sueños fragmentados y vidas
insatisfechas.
Dice el salmo 32: «Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar».
Sí, Señor, enséñanos a no medir nuestras vidas en posesiones, sino en
acciones; no en bienes acumulados, sino en dinero desacumulado para tu
servicio; no en recibir, sino en dar; no en tener, sino en ser.
Blog publicado en
Retratos de familia
y usado en Mujer de Hoy con permiso.
© Keila Ochoa Harris
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La neurosis del ama de casa
Enero 1, 1970
En nuestros tiempos pareciera que el ser ama de casa es una profesión poco valorada y últimamente rechazada. Mientras las madres jóvenes se niegan a vivirla como un oficio digno y único, las madres con más años de experiencia se sienten cansadas – hasta podríamos decir hastiadas – de la monotonía y de la carga de trabajo tan pesada en el aspecto físico, emocional y a veces hasta espiritual. A esto lo llamamos neurosis del ama de casa: el punto en el cual ya es molesta y cansada la labor del hogar o simplemente ya no se encuentra una motivación para hacerla, lo que ocasiona que sea más pesada. El resultado es que el ama de casa parece estar enojada todo el tiempo, irritándose por cualquier cosa, o estar en el otro extremo de desánimo y hasta una aparente «depresión».
Ante tal neurosis hemos de revisar algunas raíces de esta condición:
Falsas expectativas
Generalmente se tiene una idea del matrimonio diferente a la realidad. En nuestra sociedad postmoderna principalmente vemos como se promueve una idea de libertad para la mujer, feminismo, independencia y realización fuera de la actividad en casa. Al llegar al matrimonio, esperamos que todo cuadre dentro de este concepto, y al no hacerlo, llega la frustración.
Otro tipo de expectativa es el esperar que un príncipe azul nos saque de nuestra miseria, el apostar la felicidad completa en el acto de casarse y tener ya un hogar propio. Consideramos éste el final feliz del cuento, cuando en realidad es el inicio de una vida llena de retos y nuevas emociones.
Autoestima no sana
En ocasiones el conflicto está en la persona misma, en no ver su valor, no reconocer todo lo que es capaz de hacer y lo que esto significa, así que se busca el valor en la ocupación o en lo que se hace hacia otros, y al no encontrar satisfacción en el hacer, llega a ser una carga más.
Monotonía
Ahora bien, tal vez sí se tenían expectativas sanas y correctas, o tal vez sí existe una autoestima sana, pero con el paso del tiempo sencillamente se pierde la emoción y la satisfacción, ya no se ven nuevas metas, todo se vuelve un ciclo repetitivo. Esto pasa en cualquier actividad, no sólo en la del ama de casa; en cualquier oficio, después de determinado tiempo de seguir la misma rutina, se llega a un punto de aburrimiento, aplanamiento, que obviamente influye en las emociones.
Una vez reconocida la raíz de la inconformidad, lo siguiente es reemplazar cada idea errónea por la correcta y empezar a llevarlas a la práctica.
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© Ivonne Chávez Quintana, Elizabeth Ramírez Amador
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Plantearse un año sabático
Enero 1, 1970

Un año entero para encontrarte. Para indagar en lo que más te apasiona.
Para concentrarte en tu crecimiento espiritual. Para romper con el agobio y la
rutina y experimentar algo completamente nuevo.
Un puro lujo. ¿Quién se puede desenredar de sus compromisos – del trabajo, de
los estudios, de los ministerios, del novio, o de la familia? ¿Quién puede tener
la desfachatez de hacer semejante paréntesis en su vida?
Al parecer, los hebreos sí que pudieron en ocasiones. Dios instituyó descansos
para Israel: un día a la semana; días seguidos de fiestas; un año sabático de
descanso para la tierra cada siete años; un año de tranquilidad para recién
casados; e incluso un año de jubileo cada 50 años en el que se cancelaban deudas,
liberaban a los esclavos, y se devolvían tierras a sus propietarios originales.
Viendo el peso que da Dios al descanso, las actividades sabáticas se deberían
reconsiderar como imprescindibles. Sin embargo, existen unas ideas equivocadas
en torno al tema:
1. «No puedo estar un año sin hacer nada.»
Un sabático no es «hacer nada». Es cambiar de actividad, re-crearse. Un año
sabático está abocado al fracaso si no tiene un propósito claro y una estructura
para alcanzar esa meta.
Hay gente que negocia con la empresa para tomarse un tiempo para cuidar de sus
hijos o para avanzar académicamente. Otras actividades sabáticas son:
• apuntarse como voluntaria a una misión u ONG;
• enfocarse en un discipulado intensivo;
• dedicarse a trabajar y ahorrar en el caso de ser estudiante;
• estudiar algo que no tenga que ver con la carrera propia;
• aprender otra cultura e idioma.
2. «Es algo que sólo hacen los ricos. No puedo permitirme un año sin trabajar.»
Tal vez los ricos sean de los pocos que puedan pasar un año a lo «viva la vida», pero no son los únicos que pueden disfrutar de un sabático. En primer lugar, un año sabático no excluye el trabajo. Y en segundo lugar, no hace falta mucho dinero para realizar un año sabático aunque sea en otro país. Con un poco de planificación, se puede trazar un presupuesto modesto para viajar a base de hostales, transporte barato, y supermercados.
3. «No me querrán contratar de nuevo en el trabajo.»
«A tu retorno, si te has preparado profesionalmente y te has hecho valer, podrás rehacer tu carrera» – dice Jordi Pomarol, director general de Mercer Human Resource Consulting en el momento de la entrevista, que decidió recorrer el mundo con su mujer. Actulidadeconomica.com dice que la empresa le apoyó y a los pocos meses de su vuelta fue ascendido.
4. «Sólo las solteras pueden hacer algo así.»
Cuando mi marido decidió aprender inglés mejor para acceder a un seminario de habla inglesa, dedicamos nuestro primer año de matrimonio a trabajar en un hotel cristiano en Inglaterra. Sacamos el máximo partido a nuestros días libres, ya fuera conociendo el país, orando, o pasando el día leyendo en la biblioteca. Aunque inicialmente no lo planteáramos como tal, realmente fue un año sabático. Nuestros objetivos, además, se cumplieron: mi marido aprendió inglés, ahorramos dinero, y nos unimos como matrimonio.
5. «No puedo permitirme un año entero de sabático.»
Puede ser un curso o un verano o seis meses. El caso es echar el freno de mano
intencionalmente e invertir en tu vida de manera significativa.
Hay situaciones en las que sería imposible tomarse un sabático, pero a veces
simplemente no nos atrevemos a replantear nuestras actividades. Te animaría a
reconsiderar el rumbo de tu vida y a incorporar tiempos deliberados de
crecimiento y cambio.
Ir a Entrevista con Rut Calvo Tello, que te cuenta su experiencia de año sabático.
© Elizabeth Clark Wickham
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Cómo quemarse en la obra
Enero 1, 1970
¡Más veloz que una bala! ¡Más potente que una locomotora! ¡Capaz de
saltar elevados edificios de un solo salto! Mira, arriba en el cielo – ¿Es un
pájaro? ¿Es un avión? No, es… ¡Superobrera!
Pero esta superhéroe no viene del planeta Krypton como Superman. La podemos
encontrar en cualquier iglesia o en cualquier ministerio paraeclesial: una joven
mujer que se lanza como un cohete, con toda ilusión, esfuerzo, y una buena dosis
de idealismo a servir a Dios de todas las maneras posibles. Vuela de una
necesidad a otra, involucrada hasta las cejas en una ONG cristiana, en el grupo
de adolescentes, en discipulados con cuatro nuevas creyentes por separado, en
las actividades evangelísticas en un hogar de ancianos, y en organizar
campamentos para niños, todo sin perderse ni una reunión en la iglesia.
Superobrera se siente más viva que nunca, y su fe y ejemplo inspiran a los demás.
Lo que ocurre, sin embargo, es que Superobrera en realidad no es una mujer de
acero, aunque a veces lo parezca. Si no cuida bien de su trayectoria, perderá
altura y potencia y acabará por lo suelos.
Por ejemplo, con cada compromiso nuevo que adquiere, puede estar en todo y en
nada a la vez. Sus tiempos de oración escasean. Se convierte en una experta en
reciclar material y deja de beber de su fuente vital de inspiración, el mismo
Señor Jesucristo. Sus familiares y amigos se quejan – y esta vez sin exagerar –
de que ya no la ven nunca. Las dificultades, los contratiempos, la crítica, y el
cansancio físico le provocan un desánimo y negativismo diario. Pierde el rumbo.
Se intenta consolar con frases célebres como «la fatiga es el precio del
liderazgo» (J. Oswald Sanders) o «yo mismo me gastaré del todo por amor de
vuestras almas» (el apóstol Pablo) – pero en el fondo sabe que algo no marcha
bien. Su super «S» empieza a perder color.
Como un cohete, Superobrera ha estallado en su punto álgido y ahora cae vacía,
chamuscada y sin brillo, a tierra. Sin querer, Superobrera ha seguido los 10
mandamientos de una trayectoria en la obra brillante pero fugaz:
1. Tendrás otros dioses delante de Dios:
tus ministerios, la aprobación o las opiniones de la gente, el sentirte indispensable, tu lógica, tus propias fuerzas, el éxito (ya se mida con conversiones, número de niños en la escuela dominical, etc.)… Deja que la obra en sí reemplace a Jesús en el trono de tu vida. Como escribió Oswald Chambers, un profesor de Biblia de principios del siglo XX: «Hoy, ser fiel a Jesucristo es lo más difícil que intentamos hacer. Seremos fieles a nuestro trabajo, a servir a los demás, o a cualquier otra cosa, sólo que no nos pidáis que seamos fieles a Jesucristo…Nuestro Señor es destronado más deliberadamente por obreros cristianos que por el mundo. Tratamos a Dios como si fuera una máquina diseñada sólo para bendecirnos, y pensamos en Jesús como tan sólo uno más de sus obreros».
2. Harás del activismo un ídolo.
Sin reflexión ni prioridades claras, dirás «sí» a toda petición que te propongan, a todo ministerio que te ofrezcan – da igual si tiene que ver con tus dones o no. Así evitarás el corte de decir que no, te cuidarás para que los demás no piensen que eres poco espiritual, y rescatarás al mundo, pues, visto objetivamente, no hay nadie más que pueda hacerlo como tú. Como dice un misionero en México, mantendrás «una mentalidad de todopoderosa envuelta en una capa de humildad».
3. Tomarás tu tiempo con el Señor a la ligera.
Reducirás tu tiempo con Dios a unos 10 minutos apresurados diarios, porque, ya sabes, «a Dios rogando pero con el mazo dando». Puedes orar mientras trabajas, pero eso de apartarse ante el Señor es de perezosos. Las largas y tranquilas charlas del primer amor las sustituirás por oraciones sms de emergencia y conveniencia, y para evitar cualquier carga de conciencia, ignorarás el capítulo 15 de Juan.
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©
Elizabeth Clark Wickham
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La risa: un adhesivo para la familia
Enero 1, 1970

La vida, a menudo, se convierte en una rutina – levantarse, llevar a los
niños a la escuela, hacer las tareas, preparar las comidas, llevar a los niños a
sus deportes, etc. Lo peor es que los momentos difíciles de desobediencia
fragmentan la familia. Y una cosa que muchas veces falta en la agenda de mi
familia es tiempo para reír juntos.
Recientemente, volviendo a casa en el coche, Papá hizo un comentario divertido
que nos hizo reír a todos. ¡Fue tan refrescante y nos unió tanto en contraste
con las discusiones y los espíritus agitados!
Investigaciones científicas demuestran que la risa fortalece el sistema
inmunológico de nuestro cuerpo y disminuye el nivel de las hormonas del estrés.
El hombre más sabio que jamás ha existido (Salomón de Israel – 1000 a. C.) dijo
esto: «Un corazón contento es como medicina». Creo que ésta es una medicina a la
que todos podemos aspirar.
Pero, ¿cómo?
- Invierte más tiempo que dinero en tus hijos. Los momentos de risa no se pueden planear.
- Hazles cosquillas y sé una niña con ellos. Juega con tus hijos.
- ¡Ríete de tus errores, eso crea buenos recuerdos!
Hay tanto por ahí que destroza nuestras familias… Reír juntos puede ser
el adhesivo que mantiene a los miembros de nuestras familias cerca los unos
de los otros. Muchas veces tengo que pedir a Dios que me ayude a mantener en
perspectiva correcta lo que es importante.
© Mary Kay Eichelman
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