23 de Julio…”Habla Señor, yo escucho”
Julio 23, 2008
Herederos de Dios.
[El Espíritu Santo] es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida.
[El Espíritu Santo] es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida.
–Efesios 1: 14.
El 23 de julio de 1875 fallece Isaac Merritt Singer, fundador de la Compañía de máquinas de coser Singer.
Singer comenzó su carrera como aprendiz mecánico cuando tenía 19 años de edad. En 1839 Singer consiguió su primera patente por una máquina para taladrar piedras. Con 38 años, teniendo 2 esposas y 8 hijos, se mudó a Nueva York, esperando hacer negocio con su máquina en esta ciudad. Luego construyó un prototipo y se mudó a Boston para vender su invención en la tienda de Orson C. Phelps, donde Lerow and Blogett estaban construyendo máquinas de coser. Phelps le pidió a Singer que las observara, ya que eran difíciles de usar y fabricar. Singer descubrió que la máquina de coser sería más fiable si el lanzador se moviera en línea recta y la aguja fuera recta.
Singer obtuvo dinero de George B. Zieber, con el que llegó a ser compañero, además de con Phelps, en la fabricación de "la máquina de coser de Jenny Lind". Aunque el prototipo de Singer fue el más práctico. Recibió la patente para mejorar la máquina de coser el 12 de agosto de 1851.
Cierto día de 1949, casi cien años después, un hombre que no tenía trabajo ni tenía un solo centavo vagaba por las playas de San Francisco, California. El hombre, llamado Jack Wurn, encontró una botella con una nota en su interior que decía: “Para evitar confusión, dejo toda mi herencia a la persona afortunada que encuentre esta botella y a mi abogado, Barry Cohen: a partes iguales.”
Los Tribunales aceptaron el documento como la última voluntad de Daisy Singer Alexander, heredera de la fortuna de las máquinas de coser Singer. Daisy había tirado la botella en el río Támesis en Londres doce años antes. De alguna manera, yendo de un océano a otro, las aguas la llevaron hasta California, donde Jack Wurn pasó de la pobreza a la riqueza.
La Biblia habla de una herencia imperecedera reservada en los Cielos (1 Pedro 1: 4). Todos aquellos que reconocen su pobreza espiritual se convierten en herederos de esa riqueza al confiar en Jesucristo como Señor y Salvador. Daisy Singer Alexander puso su riqueza en una botella porque no podía llevársela. Jack Wurn, que la heredó, tampoco se la pudo llevar. Pero gracias a Dios que somos herederos de una maravillosa salvación que comienza en esta vida y que será completamente realizada por toda la eternidad. ¿Nuestra garantía? El Espíritu Santo que ya vive en nosotros. Cuando recibimos a Cristo nos hemos convertido en accionistas de las riquezas del Cielo. ¡Celebremos hoy esta maravillosa verdad!
El 23 de julio de 1875 fallece Isaac Merritt Singer, fundador de la Compañía de máquinas de coser Singer.
Singer comenzó su carrera como aprendiz mecánico cuando tenía 19 años de edad. En 1839 Singer consiguió su primera patente por una máquina para taladrar piedras. Con 38 años, teniendo 2 esposas y 8 hijos, se mudó a Nueva York, esperando hacer negocio con su máquina en esta ciudad. Luego construyó un prototipo y se mudó a Boston para vender su invención en la tienda de Orson C. Phelps, donde Lerow and Blogett estaban construyendo máquinas de coser. Phelps le pidió a Singer que las observara, ya que eran difíciles de usar y fabricar. Singer descubrió que la máquina de coser sería más fiable si el lanzador se moviera en línea recta y la aguja fuera recta.
Singer obtuvo dinero de George B. Zieber, con el que llegó a ser compañero, además de con Phelps, en la fabricación de "la máquina de coser de Jenny Lind". Aunque el prototipo de Singer fue el más práctico. Recibió la patente para mejorar la máquina de coser el 12 de agosto de 1851.
Cierto día de 1949, casi cien años después, un hombre que no tenía trabajo ni tenía un solo centavo vagaba por las playas de San Francisco, California. El hombre, llamado Jack Wurn, encontró una botella con una nota en su interior que decía: “Para evitar confusión, dejo toda mi herencia a la persona afortunada que encuentre esta botella y a mi abogado, Barry Cohen: a partes iguales.”
Los Tribunales aceptaron el documento como la última voluntad de Daisy Singer Alexander, heredera de la fortuna de las máquinas de coser Singer. Daisy había tirado la botella en el río Támesis en Londres doce años antes. De alguna manera, yendo de un océano a otro, las aguas la llevaron hasta California, donde Jack Wurn pasó de la pobreza a la riqueza.
La Biblia habla de una herencia imperecedera reservada en los Cielos (1 Pedro 1: 4). Todos aquellos que reconocen su pobreza espiritual se convierten en herederos de esa riqueza al confiar en Jesucristo como Señor y Salvador. Daisy Singer Alexander puso su riqueza en una botella porque no podía llevársela. Jack Wurn, que la heredó, tampoco se la pudo llevar. Pero gracias a Dios que somos herederos de una maravillosa salvación que comienza en esta vida y que será completamente realizada por toda la eternidad. ¿Nuestra garantía? El Espíritu Santo que ya vive en nosotros. Cuando recibimos a Cristo nos hemos convertido en accionistas de las riquezas del Cielo. ¡Celebremos hoy esta maravillosa verdad!
Continúa leyendo en la fuente original:
»» http://iglesiabautistaenensenada.blogspot.com/
Comments
Got something to say?
