La Autoridada del Creyente - Parte 2
Febrero 8, 2008
¿Quien es el Ladrón?
Marcos 4:35-39
35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.
36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras arcas.
37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
Aquí están los discípulos en medio de una gran tormenta, ¿quién envió la tormenta? Definitivamente no fue Dios.
Si hubiera sido Dios, ¿por qué Jesús la detuvo? Si Dios envió la tormenta y Jesús la detuvo, entonces Jesús se levantó en contra de la voluntad de Dios.
En Juan 14:10 dice: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.”
Jesús está diciendo aquí que las palabras que Él habla y las obras que Él hace no las hace por si mismo sino que el Padre que vive en Él las hace.
Si Dios envió esa catástrofe y Jesús la detuvo Él se estaba rebelando abiertamente contra el Padre.
Veamos lo que dice Marcos 3:24-25: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.”
Algo no debe estar bien con esta forma de pensar.
Debemos reconocer quien es nuestro enemigo.
Veamos lo que dice Juan 10:10: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Al contrastar las obras de Dios con las obras del diablo Jesús dijo:
Juan 9:4
La Biblia al Día
Mientras sea de día, tenemos que llevar a cabo la obra del que me envió. Viene la noche cuando nadie puede trabajar.
Debemos trabajar en las obras de aquel que me envió, mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar.
Palabra de Dios Para Todos
Durante el día debemos hacer el trabajo del que me envió porque cuando viene la noche nadie puede trabajar.
En otra ocasión mientras hablaba con Felipe hizo una declaración asombrosa:
Juan 14:7-11
7 Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto.
8 Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta.
9 Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?
10 ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.
11 Creedme que yo soy en el Padre, y el Padre en mí; de otra manera, creedme por las mismas obras.
Volviendo a Juan 10:10, la pregunta es: ¿Quién es el ladrón?
Evidentemente Jesús no es el ladrón, porque Él vino a traer vida; y como Él hacía lo que el Padre le decía, entonces Dios es el Padre tampoco es el ladrón; entonces solo nos queda la posibilidad de que el diablo es el ladrón; el es quien está aquí para robar, matar y destruir.
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Obstáculos Para la Sanidad - Sexta Parte
Enero 28, 2008
Sexto Obstáculo
Estoy Sufriendo Para La Gloria De Dios
Los que apoyan esta creencia usan, por lo general, el capítulo nueve de Juan, donde se encuentra la historia del ciego que Jesús envió al estanque de Siloé.
Sus discípulos le preguntaron si había pecado él o sus padres, provocándole la ceguera. Jesús les dijo: “No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.”
Algunos concluyen con este verso que el hombre nació ciego para que Dios obtenga la gloria con ello.
Sin embargo, Jesús continuo diciendo: “Me es necesario hacer las obras del que me envió, entretanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.” Las obras de Dios no se manifestaron en el ciego hasta que Cristo hizo aquello para lo cual fue enviado; cuando sanó la ceguera del hombre.
¿Qué podemos decir de Lázaro? ¿No dice la Biblia que estaba enfermo para la gloria de Dios? Al leer la historia en el capítulo 11 del evangelio de Juan, vemos que Jesús estaba con sus discípulos cuando le llegaron noticias que Lázaro estaba enfermo.
En lugar de correr al lado de su amigo, Jesús se tardó a propósito. Le dijo a sus discípulos: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella” (verso 4).
Cuando Jesús legó a Betania con sus discípulos, hacía 4 días que Lázaro estaba muerto. Marta corrió a Jesús y le dijo que si hubiese estado ahí, su hermano no hubiera muerto. Jesús le dijo que era la resurrección y la vida:
Juan 11:24-26
24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero.
25 Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.
26 Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?
Poco después, Marta se quejó de la orden de mover la piedra de la tumba que dio Jesús; ella sabía que el cuerpo estaba descompuesto y apestando después de 4 días. Por lo que Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” (Verso 40).
Marta no había visto aún la gloria de Dios. No veía la gloria de Dios en su hermano porque aún no se había manifestado. La gloria de Dios se manifestó en la resurrección y sanidad de Lázaro. No solo fue resucitado, sino que también fue sanado de la enfermedad que le causo la muerte.
Dios es glorificado por la sanidad y la liberación, no por la enfermedad y el sufrimiento.
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¿Tenemos Más Autoridad de la que Creemos? Parte 2
Enero 21, 2008
Al ponerla en Texas vino un tornado y se la llevó.
Estando en una reunión para levantar fondos para una nueva carpa, este predicador dijo: “No se si fue Dios o el diablo quien se llevó mi carpa.”
Este predicador no se dio cuenta que no es Dios quien está en el negocio de llevarse las carpas; es el diablo; Dios está en el negocio de que se predique el evangelio no de estorbarlo.
Hay gente que piensa: “Si, pero Dios lo permitió.”
¡No! Satanás es el Dios de este mundo presente como vimos en 2 Corintios 4:4; y las leyes que gobiernan este mundo vienen en su mayoría de la caída del hombre.
Por ese motivo la gente no se da cuenta y acusa a Dios de todas las cosas malas que ocurren, tales como accidentes, catástrofes, terremotos, tsunamis, epidemias, enfermedades, muertes de nuestros seres queridos.
Cuando mi hermano se fue al cielo, mi papá me preguntaba por que se lo había llevado Dios y yo con mucha tristeza le dije que Dios no estaba manejando el carro.
No debemos echarle la culpa a Dios de las cosas que nos pasan.
Marcos 4:35-39
35 Aquel día, cuando llegó la noche, les dijo: Pasemos al otro lado.
36 Y despidiendo a la multitud, le tomaron como estaba, en la barca; y había también con él otras barcas.
37 Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba.
38 Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?
39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.
Aquí están los discípulos en medio de una gran tormenta, ¿quién envió la tormenta? Definitivamente no fue Dios.
Si hubiera sido Dios, ¿por qué Jesús la detuvo? Si Dios envió la tormenta y Jesús la detuvo, entonces Jesús se levantó en contra de la voluntad de Dios.
En Juan 14:10 dice: “¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.”
Jesús está diciendo aquí que las palabras que Él habla y las obras que Él hace no las hace por si mismo sino que el Padre que vive en Él las hace.
Si Dios envió esa catástrofe y Jesús la detuvo Él se estaba rebelando abiertamente contra el Padre.
Veamos lo que dice Marcos 3:24-25: “Si un reino está dividido contra sí mismo, tal reino no puede permanecer. Y si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer.”
Algo no debe estar bien con esta forma de pensar.
Debemos reconocer quien es nuestro enemigo.
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La Fórmula Para la Fe - 3
Enero 11, 2008
Cree la Palabra
Ya encontraste la promesa, así que ahora debes de creerla.
Marcos 11:24
24 Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.
Marcos 11:24 (Biblia del Pueblo de Dios)
24 Por eso les digo: Cuando pidan algo en la oración, crean que ya lo tienen y lo conseguirán.
Marcos 11:24 (Nueva Biblia de los Hispanos)
24 Por eso les digo que todas las cosas por las que oren y pidan, crean que ya las han recibido, y les serán concedidas.
Hebreos 11:6
6 Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.
De nada te sirve encontrar la promesa si es que no crees que ya es tuya. Dios ya te la concedió, si tu has creído que las cosas que le has pedido a Dios ya son tuyas, no hay duda van a llegar a ti.
Debes acercarte a Dios sabiendo que hay un Dios que esta a tu favor y que Él recompensa a los que le buscan.
Marcos 9:14-27
14 Cuando llegó a donde estaban los discípulos, vio una gran multitud alrededor de ellos, y escribas que disputaban con ellos.
15 Y en seguida toda la gente, viéndole, se asombró, y corriendo a él, le saludaron.
16 El les preguntó: ¿Qué disputáis con ellos?
17 Y respondiendo uno de la multitud, dijo: Maestro, traje a ti mi hijo, que tiene un espíritu mudo,
18 el cual, dondequiera que le toma, le sacude; y echa espumarajos, y cruje los dientes, y se va secando; y dije a tus discípulos que lo echasen fuera, y no pudieron.
19 Y respondiendo él, les dijo: ¡Oh generación incrédula! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo.
20 Y se lo trajeron; y cuando el espíritu vio a Jesús, sacudió con violencia al muchacho, quien cayendo en tierra se revolcaba, echando espumarajos.
21 Jesús preguntó al padre: ¿Cuánto tiempo hace que le sucede esto? Y él dijo: Desde niño.
22 Y muchas veces le echa en el fuego y en el agua, para matarle; pero si puedes hacer algo, ten misericordia de nosotros, y ayúdanos.
23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
24 E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.
25 Y cuando Jesús vio que la multitud se agolpaba, reprendió al espíritu inmundo, diciéndole: Espíritu mudo y sordo, yo te mando, sal de él, y no entres más en él.
26 Entonces el espíritu, clamando y sacudiéndole con violencia, salió; y él quedó como muerto, de modo que muchos decían: Está muerto.
27 Pero Jesús, tomándole de la mano, le enderezó; y se levantó.
Aquí vemos a un hombre en necesidad, tiene un hijo endemoniado y enfermo; ha ido donde los discípulos de Jesús para ver si podían hacer algo pero no lograron nada.
Entonces viene Jesús y el hombre le dice: “Mi hijo está endemoniado, y tus discípulos no han podido hacer nada pero SI TU PUEDES HACER ALGO ven y ayúdanos.”
Jesús se molestó y le dijo: “¿Cómo que si puedo hacer algo? ¡Todo es posible para el que cree!
Este hombre pensaba: “Los discípulos de Jesús no han podido, quizás Jesús pueda”. Jesús le respondió: “La sanidad de tu hijo no me corresponde a mi sino a ti, tu me estás tratando de echar la responsabilidad, pero la pelota está en tu cancha, TU ERES el que debes creer.”
Estas palabras sacudieron al hombre quien le dijo: “Creo Jesús, ayúdame a estar firme.”
En ese momento el hombre se puso dé acuerdo con Jesús y le abrió las puertas para que pudiese sanar a su hijo.
Si hemos encontrado la promesa, nos corresponde creer que ya es nuestra.
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La Fórmula Para la Fe - 2
Enero 6, 2008
Halla la Promesa en la Palabra de Dios
Lo primero que debes hacer es saber lo que Dios te ofrece. Es como ir a un restaurante; tu no pides un plato hasta que ves el menú. La pregunta es, ¿qué nos ofrece Dios?
2 Pedro 1:3-4
3 Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia,
4 por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.
Dios nos ofrece todo; todo lo que pertenece a esta vida natural y todo lo que pertenece a la vida espiritual. Él ya nos dio todo.
1 Corintios 2:9-12
9 Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.
10 Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios.
11 Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios.
12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
Hace años cuando estaba en la universidad tenía un amigo al que le estuve predicando por seis meses sin ningún resultado. Finalmente tomé la decisión de no predicarle mas, pues me parecía que perdía el tiempo.
A las tres semanas me encontré con él, y estaba repartiendo volantes para una campaña; le pregunté que le había pasado y me contó que se había convertido el domingo; y mientras conversamos el me mostró 1 Corintios 2:9 y me dijo: “Ricardo, imagínate cuando estemos en el cielo, veremos cosas que ojo no vio ni oído oyó.”
Muchos creyentes hacen lo mismo cuando leen este pasaje, piensan en todas las cosas que tendremos en el Cielo y dicen: “Oh, que hermoso será cuando estemos en Cielo, allá tendré un palacio mas hermoso que el sol; mientras que aquí en la tierra estaremos sufriéndo con tristeza, dolor, pobreza y enfermedad como buenos peregrinos.”
No se dan cuenta que tan solo un versículo mas adelante dice que Dios nos reveló estas cosas que “ojo no vio, ni oído oyó” aquí en la tierra. Esas hermosas promesas son nuestras ahora, no tenemos que esperar a estar en el Cielo para disfrutarlas.
El verso 12 dice que Dios nos dio el Espíritu para que sepamos cuales son estas promesas que Dios nos ha concedido.
Juan 14:26
26 Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
El Espíritu Santo nos enseña todas las cosas y nos hace recordar las cosas que Jesús nos dijo. ¿Cómo lo hace? A través de la Palabra de Dios.
Juan 1:1,14
1 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios.
14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.
La palabra que se usa como verbo en estos pasajes es la palabra griega logos que significa palabra. Jesucristo es la Palabra Viva de Dios.
Cada vez que tomamos la Palabra de Dios para estudiar le estamos dando al Espíritu Santo materia prima para que nos muestre las cosas que Dios nos ha concedido.
Por lo tanto, si quieres saber las cosas que Dios te ha concedido debes ir a su Palabra.
En la Biblia hay 7.432 y todas te pertenecen; solamente anda y busca la promesa que te promete lo que quieres recibir de Dios.
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Obstáculos en el Camino a la Sanidad - Parte 2
Noviembre 1, 2007
Quizás No Sea la Voluntad de Dios Sanarme
Escuche un programa de cristiano de televisión en que una mujer oraba por su hijo enfermo: “Señor si es Tú voluntad sánalo y si es Tú voluntad llévalo contigo.”
Cuando su hijo murió pensó que esa había sido la voluntad de Dios.
Ese tipo de oración es total falta de conocimiento de la voluntad de Dios, porque claramente está escrito en Su Palabra que Su voluntad es sanarnos.
Los pecadores no oran: “Señor, sálvame si es Tu voluntad.” Sería algo ridículo, pues la Palabra de Dios declara que el Señor esta: “. . . queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:8).
También dice que “. . . el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22:17). Por eso, el pecador jamás debe orar: “Si es Tu voluntad.”
Esto es tan tonto como el que un hijo de Dios ore: “Señor, sáname si es tu voluntad.”
La Palabra de Dios nos dice claramente que Jesús ya pagó el precio de nuestra sanidad. Por ejemplo, en Mateo 8:17 dice: “El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.”
Cuando leemos este verso y entendemos completamente lo que realmente está diciendo, va a provocar una revolución en nuestras vidas, porque seremos capaces de enfatizar la palabra “nuestras.” Tal como Pablo decía "mirad con cuan grandes letras os escribo"; de ese mismo modo declararemos que Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias; y nosotros estamos incluidos en la palabra nuestras.
Podemos decir confiadamente que Él tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias. Esto lo traerá directamente a donde vivimos. Nunca más tendremos que llevar nuestras enfermedades. ¡Él las llevo para que nosotros podamos estar libres!
Ya no hay necesidad alguna de que ambos las llevemos. Si Jesús las llevó para que fuésemos libres, ¿Por qué debemos orar “si es tu voluntad”? ¡La Biblia declara cual es su voluntad!
A la mayoría de personas que no creen en la Sanidad Divina no les gusta este verso.
Una persona dijo que este verso significa que Cristo tomó las enfermedades de la gente que vivió en su tiempo, pero que no es para nosotros hoy.
Parece que se olvidó que Mateo escribió su evangelio después que Jesús murió. Si la sanidad solo era para los que vivieron cuando Jesús vivió en la tierra, Mateo hubiera escrito: “El mismo tomó SUS enfermedades y llevó SUS dolencias.” Pero Mateo no escribió eso. El Espíritu Santo, a través de Mateo, escribió: “El mismo TOMÓ nuestras enfermedades y LLEVÓ nuestras dolencias.”
Otra persona desarrolló la teoría de que este verso en vez de referirse al pasado, se refiere al futuro, que este verso se cumplirá en el Milenio. Pero esto no puede ser cierto, porque entonces no habrá necesidad de sanidad, ya que la maldición será quitada.
Pablo dijo que seríamos transformados en un instante, “en un abrir y cerrar de ojos” (1 Corintios 15:52). Nuestros cuerpos no estarán llenos de enfermedad en el Milenio, así que no necesitaremos la provisión de la sanidad.
La promesa de la sanidad divina nos pertenece ahora, porque es en esta vida que estamos sujetos a la enfermedad. La promesa de que Él tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias nos pertenece hoy. Por eso no necesitamos orar: “si es Tu voluntad”; porque Su Palabra nos muestra claramente Su voluntad.
Pero alguien podría preguntar, sin citar el verso completo; “¿Queeeee? ¿Pero Cristo no enseñó a orar: “Padre, hágase tu voluntad?” Lo que no se da cuenta esta persona es que el usar esta porción de la Biblia es solo usar la mitad de la verdad. Y como alguien dijo: “¡Cuídense de las medias verdades! ¡Puede que reciban la mitad incorrecta!
Y como dice la ley de la hermenéutica: "Un texto sin contexto no es más que un pretexto, pero jamás un punto doctrinal".
Lo que Cristo nos enseño a orar es: “Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” Lo que Cristo nos estaba enseñando a orar es que la voluntad de Dios sea hecha aquí en la tierra así como es hecha en el cielo.
Y por ese motivo como no hay enfermedades ni dolencias en el cielo, entonces su voluntad es que tampoco haya enfermedades ni dolencias en la tierra. Si su voluntad se hace verdaderamente en la tierra como se hace en el cielo, no habrá enfermedades ni dolencias.
Un hombre dijo que el sabía que la voluntad de Dios era no sanarle una dolencia física que tenía. Contaba que una mañana cuando se despertó, su cuarto se llenó de luz y alguien que tenía una túnica larga y blanca se le apareció. Aunque no vio su rostro, el hombre pensó que era Jesús. Esta persona le dijo: “No es mi voluntad sanarte.” Luego desapareció. El hombre aceptó como cierto que no era la voluntad de Dios sanarle.
No se dio cuenta de que era el diablo que lo estaba engañando.
Podemos estar tan seguros que la sanidad divina es la voluntad de Dios como lo estamos que salvar a los perdidos es Su voluntad. Nosotros lo sabemos porque conocemos Su Palabra; y Su Palabra es su voluntad.
La misma Biblia que dice en Juan 3:16 que "de tal manera amó Dios al mundo que dio a Hijo Unigenito para que todo aquel que crea en Él no se pierda sino que tenga vida eterna" es la misma que dice en Mateo 8:17 que “Él mismo tomó nuestras enfermedades y llevó nuestras dolencias.”
Es la misma que dice: “Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:4-5).
Y es la misma Biblia que dice: “Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados” (1 Pedro 2:24).
Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por siempre (Hebreos 13:8). El nunca cambia. El sigue sanando porque Su Palabra sigue vigente hoy.
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Obstáculos en el Camino a la Sanidad - Parte 1
Octubre 30, 2007
Estos obstáculos se disfrazan sutilmente y vienen de muchas fuentes. Algunas nacen de la tradición, otras de la superstición, y otras en la mala interpretación de las Escrituras.
Para poder quitar estos obstáculos que nos impiden recibir sanidad, vamos a examinar algunos de los más comunes.
Dios Enferma a las Personas
Algunos dicen que el Antiguo Testamento declara que Dios envía enfermedad sobre la gente.
Los que dicen esto citan Éxodo 15:26 donde dice: “Y dijo: Si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, e hicieres lo recto delante de sus ojos, y dieres oído a sus mandamientos, y guardares todos sus estatutos, ninguna enfermedad de las que envié a los egipcios te enviaré a ti; porque yo soy Jehová tu sanador.”
Otros versos similares son Isaías 45:7 que dice: “Que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad (otras versiones dicen “creo el mal” y otras “creo la desgracia”). Yo Jehová soy el que hago todo esto.” Y en Miqueas 1:12 dice: “Porque los moradores de Marot anhelaron ansiosamente el bien; pues de parte de Jehová el mal había descendido hasta la puerta de Jerusalén.”
Es obvio que estos pasajes de la Versión Reina Valera no nos dan el verdadero significado del manuscrito original en idioma hebreo. Sabemos que Dios no crea las tinieblas; y que el mal no viene del cielo. Dios solo permite el mal, no lo crea.
El mal no puede venir del cielo, porque ahí no hay mal. Dios permitió que venga, pero no lo creó. Tampoco creó la enfermedad. Solo permite que venga como resultado de la desobediencia del hombre.
Como decía John Alexander Dowie: "La enfermedad es el asqueroso engendro de su padre el diablo y su madre el pecado."
La clave para estas dificultades en el idioma consiste en el hecho de que el verbo activo en hebreo ha sido traducido en el sentido causativo cuando debería haber sido traducido en el sentido permisivo.
El Dr. Robert Young, autor de Young’s Analitical Concordance to the Bible (Concordancia Analítica de la Biblia de Young), y un eminente erudito hebreo, señala este error en su libro Hints and Helps in Bible Interpretation (Sugerencias y Ayudas para la Interpretación Bíblica). Dice que Éxodo 15:26 se traduce literalmente: “Ninguna enfermedad, que yo permití que sean traídas sobre los egipcios, permitiré que sean enviadas sobre ti, porque yo soy el Señor que te sana.”
Algunos piensan que Dios enfermó a Job; pero Dios no lo hizo, solo lo permitió, el diablo fue quien lo hizo.
Debemos tener en cuenta lo que dice en Hechos 10:38: “Cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo éste anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él.” Este importante verso demuestra que Jesús es el sanador, y Satanás el opresor.
No existe ningun caso en la Biblia en que Dios ó Jesús hayan puesto enfermedad sobre alguien
Recuerden, cuando Dios le mandó a Moisés que descienda a Egipto y saque a los hijos de Israel de la esclavitud egipcia, lo envió para que le pida al faraón que libere a Su pueblo. Dios no quería enviar plagas sobre el pueblo egipcio.
Pero cuando faraón endureció su corazón, Dios retiró su mano protectora y permitió que las plagas arrasaran la tierra de Egipto. Cuando fue permitida la plaga final, que era la muerte, el mensajero del infierno. La muerte salió y destruyó al primogénito de cada familia egipcia. Solo entonces el faraón se sintió obligado a ceder y dejar que se fueran los hijos de Israel.
¿De dónde vino la muerte? ¿Del cielo? ¿Hay muerte en el cielo? Por supuesto que la respuesta es no. La muerte nunca ha entrado ni entrará ahí. Jamás habrá muerte en el cielo.
¿Habrá venido la muerte de Dios? No, el no es el autor de la muerte, sino de la vida. Dios odia la muerte.
¿De donde viene, entonces, la muerte? De Satanás, quien tiene el imperio de la muerte. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al Diablo” (Hebreos 2:14).
La ley del pecado y de la muerte es la ley del diablo. La ley de Dios es la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús. En Romanos 8:2 dice: “Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.”
Tenemos la promesa que cuando Jesús regrese este último enemigo será puesto bajo sus pies. Cristo vino para destruir “al que tenía el imperio de la muerte.” Satanás aún no está destruido, pero será puesto en el abismo por mil años luego del retorno de Jesús. Luego, en el fin de todas las cosas, será puesto en el lago de fuego y azufre (Apocalipsis 20:10).
La plaga de la muerte no vino sobre Egipto sino hasta que Dios retiró su mano protectora y lo permitió. Sin embargo, su permiso no debe ser confundido con mandato. Dios les permite a las personas abrir cantinas y discotecas, pero no les manda que lo hagan. Permite que la gente mate y robe pero no les manda hacerlo. Hay una gran diferencia entre permiso y mandato.
Pedro declaró en Pentecostés que Cristo fue crucificado por hombres malvados: “A este. . . prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole” (Hechos 2:23). Esto fue la obra de Satanás por medio de sus hijos.
En Juan 8:44 Jesús dijo: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer.” Los fariseos fueron quienes enardecieron al sumo sacerdote y al concilio. Eran el diablo y sus hijos. Dios lo permitió, pero no fue su obra.
El hecho de que Dios permita la iniquidad no significa que la gente tenga que pecar, como tampoco que la gente se ponga en contra de Cristo. Muchos lo están crucificando nuevamente al rechazarlo. Sin embargo, Dios no les mandó que lo rechacen; solo les permite hacer su propia elección, porque el hombre tiene libre albedrío para aceptarle o rechazarle.
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