Contra la Libre Oferta del Evangelio: El llamado del Evangelio

Agosto 7, 2008




En la introducción de la serie el pastor Hanko mencionó que quienes apoyan la doctrina de la “libre oferta”creen que Dios expresa en el evangelio un sincero deseo de que todos los que escuchen sean salvos.

A lo largo de la serie quedó demostrado que esa enseñanza no es compatible con la naturaleza de Dios ni con las doctrinas de la gracia aunque si lo es con la enseñanza arminiana. Creemos que la doctrina de la “libre oferta” no representa lo que es el evangelio y en esta última entrega de la serie veremos lo que sí es el evangelio.

El llamado del Evangelio

¿Pero cual es la pieza que buscamos? ¿Qué es el evangelio si no es una oferta bien intencionada?

La respuesta es clara. Es un mandato o llamado, que es soberano, poderosamente irresistible, que despierta a pecadores muertos, por lo tanto, es el cumplimiento de lo que Dios eternamente e inalterablemente quiso, terminando exactamente lo que Cristo hizo en la cruz. Es también un medio de endurecimiento de acuerdo al cual la voluntad soberana y el buen parecer de Dios son soberanamente cumplidos en aquellos que perecen.

Esta es una gran verdad olvidada hoy. Incluso aquellos que no están relacionados con la controversia de la libre oferta han, en su mayor parte, olvidado esta gran verdad. No conocer que la predicación del evangelio es “poder de Dios para salvación” (Rom. 1:16), el medio por el cual viene la fe (Rom. 10:17), la forma por la que escuchamos la voz del Buen Pastor (Juan 10:27-28), ellos abandonan la predicación. Tanto los predicadores (que debería saberlo mejor) como los miembros de sus congregaciones (que probablemente no lo saben) son culpables. No saber que el evangelio es la Palabra por la cual Dios llama a su pueblo de las tinieblas a la luz, hará que la clara proclamación de la verdad de la Escritura sea reemplazada por apelaciones emocionales y muestras de un Jesucristo que lo hacen parecer algo que se vende en el supermercado.

Que Dios nos de, por lo tanto, no sólo un entendimiento correcto de lo que es la predicación sino que un avivamiento de la verdadera predicación en la iglesia y en el evangelismo – predicación que es – en efecto – el poder de Dios para salvación de aquellos a quienes Él escogió y por quienes Cristo murió.



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