Dios nuestro Padre: Un relación en la dimensión espiritual
Mayo 3, 2008
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Rom 8:14-17)
INTRODUCCION
Padre. ¿Quien es un padre? Muchas veces pensamos que conocemos verdaderamente que significa ser un Padre. Los padres piensan que en general saben como actuar como tal. Los hijos piensan que conocen como debe ser un padre, de acuerdo a lo que han visto en los suyos. Sin embargo, nuestro concepto de paternidad ¿se asemeja al de la Biblia?
Esto es de vital importancia, porque Dios en su relación con nosotros se manifiesta como Padre. Como lo veremos a continuación, Jesús vino a revelarnos al Padre. Y por esto la importancia del asunto. Si yo no conozco al verdadero Padre, como actúa, como son sus relaciones conmigo, su trato, su amor, y sin embargo, proyecto en Dios la imagen de mi padre terrenal, jamás podré alcanzar la plenitud de la vida espiritual.
EL PLAN DE DIOS: REVELARNOS AL PADRE A TRAVÉS DE JESÚS
Muchas veces cuando leemos la Biblia hacemos una asociación equivocada. Pensamos que Dios se manifiesta como Jesucristo en el Nuevo Testamento, y como Espíritu Santo, posterior a Pentecostés. Y por deducción decimos “…entonces el Dios Padre es el Dios del Antiguo Testamento”. Y es aquí cuando comienza el error en nuestra concepción de Dios. Vemos a Dios Padre como un guerrero inmisericorde, que mandaba a matar a todos los pueblos que no fueran el suyo, que hacía pasar a “su pueblo amado” por el desierto, que les traía pestes cuando murmuraban.
Sin embargo, Dios en el Antiguo Testamento, antes de la venida de Jesucristo a la Tierra se manifiesta como Dios. Jehová. Sin embargo, su naturaleza de Padre recién aparece en la Tierra a través de Jesucristo.
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer“
(Jn 1:1
Como lo vemos en el versículo, la revelación de Dios como nuestro Padre solamente viene a través de la persona de Jesucristo. Entonces, ¿Por que muchas veces tendemos a asociar a Dios Padre, como un ser tirano, severo, buscando siempre destruir lo que nos gusta y obligandonos a hacer lo que no nos gusta, haciendonos morir a lo que siempre hemos deseado, por una voluntad que a nuestro parecer es difícil de seguir?. Esto sucede porque tenemos un falso concepto de Dios como nuestro Padre. O aún mas grave, no conocemos a Dios como nuestro Padre.
Por lo tanto, la relación de Dios como nuestro Padre solamente comienza con la venida de Jesús. Sin embargo ¿Como es nuestro Padre?
VER A JESUS: VER AL PADRE
“Felipe le dijo: Señor, muéstranos el Padre, y nos basta. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre?” (Jn 14:8-9)
Muchas veces pensamos que Jesucristo cuando vino a la Tierra al desarrollar su ministerio, nos habló del Padre, nos “expusó” lo que hacía. Pensamos que como un “testigo” solamente vino a contarnos con sus palabras lo que hacía el Padre. Felipe entendió lo mismo. Pensó que Jesús les hablaba solamente del Padre. Imagina todas las maravillas que les hablaba, tanto que finalmente Felipe le dice que solamente si les mostraba al Padre serái suficiente. Mas en ese momento Jesús le dice “…quien me ha visto a mi ha visto al Padre”. Entonces ¿Que necesitamos para conocer a DIos como Padre?
Volvamos una vez más al inicio de todo. Génesis. Dios creó a Adán y a Eva. Sin embargo en el Jardín del Edén Adán tenía una relación con Dios, con Jehová, pero no tenía una relación de Dios como Padre.
Siempre el climax del plan de Dios, es que le conociéramos como Padre. Por eso, el pecado de Adán y la posterior venida de Jesucristo a la Tierra tenía un propósito definido desde antes de la fundación del mundo. Que conociéramos a Dios como nuestro Padre.
“sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros“
(1Pe 1:19-20)
Muchas veces pensamos humanamente y decimos. Oh, si Adán no hubiese pecado estaríamos ahora disfrutando. Sin embargo, si Adán no hubiese errado Cristo no hubiese tenido que venir a morir por nosotros y no hubiesemos tenido una relación con Dios como nuestro Padre. Sin embargo, el propósito del eterno corazón de Dios siempre ha sido, desde antes de la fundación del mundo, ha sido darnos su amor, un amor de Padre.
EL PADRE Y EL HIJO: LA UNION PERFECTA EN EL MUNDO ESPIRITUAL
Otro gran error que hemos tenido en nuestra creencia es pensar que Jesús y el Padre vivían en lugares separados. Usualmente cuando leemos la Palabra y vemos que Jesús le hablaba a su Padre que estaba en los cielos, pensamos que los cielos es un lugar físico, más allá de la Tierra, mas allá de Jupiter, y que el Padre está sentado en un trono allá en las galaxias siderales. Sin embargo eso es erróneo. Dios es espíritu, y el Padre habita en el cielo, que es un lugar espiritual. Cuando Jesús oraba al Padre, no le oraba a un ser que estaba a miles de kilometros de distancia, sino que hablaba con el Padre que estaba en El.
“Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8:29).
Cuando Jesús vino a la Tierra, no vino sólo¡¡¡. Nosotros por la limitación de nuestra mente lo imaginamos así. Pensamos que el Padre alla en el lugar lejano llamado los cielos, le dijo. “Bueno Jesús, llegó la hora. Prepara tus maletas” pensamos que le dio un abrazó y lo dejó sólo venir a la Tierra. Pensamos que desde ese lugar tremendamente lejano el Padre lo miraba y veía como actuaba. Sin embargo esto no es así. Jesús nos trajo al Padre en su misma persona.
Entonces ¿Donde habita el Padre? ¿Donde lo puedo hallar? Es aca donde nuestra mente humana se limita, y no nos dejar conocer a Dios. La Biblia dice que el Padre está en los cielos.
“Padre nuestro que estás en los cielos, ” (Mat 6:9)
Sin embargo, a la vez nos dice:
“Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo hago siempre lo que le agrada” (Jn 8:29).
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9)
“Mas si las hago, aunque no me creáis a mí, creed a las obras, para que conozcáis y creáis que el Padre está en mí, y yo en el Padre” (Jn 10:3
“¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (Jn 14:10)
Es aquí donde nuestra mente colapsa y decimos… Entonces ¿Donde está el Padre? Estaba en la Tierra con Jesús o estaba en los cielos. Muchas veces esta pregunta la resolvíamos fácilmente diciendo, no si Dios es omnipresente, pero en estos versículos Dios no nos quiere mostrar que el habita en todo lugar, el nos quiere mostrar algo aún más profundo
CONOCER AL PADRE: ENTRAR AL MUNDO ESPIRITUAL
Para poder conocer al Padre debemos entrar necesariamente en el mundo espiritual. Cuando la Biblia nos habla de los cielos, nos está hablando en un sentido de un lugar espiritual, donde hay leyes, donde habita Dios, donde habita el Padre, donde habita Cristo. Pero es necesario entender que esto no es galaxias lejanas. No, es en el mundo espiritual. Para conocer al Padre debemos entrar al cielo. Debemos entrar a la dimensión espiritual. El libro de Juan nos menciona constantemente que Jesús entraba en comunión con su Padre, porque su Padre estaba con El. Jesús mencionaba repetidamente en Juan que el hacía solamente lo que veía hacer a su Padre. No es que Jesús tuviera un super ojo, que podía ver a miles de kilometros. No¡ Jesús cada vez que oraba entraba en esa dimensión espiritual, que es mas real que el mundo físico, y veía al Padre actuar y lo revelaba.
Según Juan 14:10, por eso Jesús renunció y se hizo siervo. El no vino a manifestar lo que el quería. El vino a manifestar al Padre. Jesús tomó un cuerpo físico, pero no para hacer su voluntad. La naturaleza de Jesucristo es ser un Rey, es gobernar, es liderar, sin embargo, por obediencia al Padre, el dejo su trono de gloria, vino en cuerpo humano, y no manifesto esta naturaleza de rey sino que se humillo manifestando el amor del Padre.
Por eso , en el desierto la tentación de Satanás fue tan certera, ofreciéndole todos los reinos de la Tierra. En esa tentación, Jesús le enfrentó mostrándole su naturaleza. No tentarás al Señor tu Dios.
Pero solamente podemos conocer la Paternidad de Dios entrando en esa dimensión espiritual. Miremos muy brevemente el plan de salvación. El hombre pecó, pero Jesucristo fue enviado a la Tierra a redimirnos. Jesús murió por nuestros pecados y derramó su preciosa sangre. Esta sangre nos purifica de todos nuestros pecados, y ahora tenemos una nueva naturaleza pura, limpia, santa. Como tenemos esa naturaleza al aceptar a Cristo como nuestro Señor y salvador, puede venir el Espíritu Santo a hacer morada en nosotros. Y el Espíritu Santo en nosotros, nos lleva al Padre a conocer su naturaleza y su esencia, que es la misma que nos vino a mostrar Cristo.
“Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios. Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” (Rom 8:14-17)
Como lo hemos venido mencionando, ser guiados por el Espíritu de Dios es cuando hacemos su voluntad, es cuando nacemos del espíritu. Cuando tenemos ese nacimiento en nuestro espíritu, y nuestros ojos espirituales son abiertos, recien en ese momento podemos conocer a Dios como nuestro Padre. Y es cuando no hemos abierto nuestros ojos espirituales, que no tenemos la clara imagen de Dios como nuestro Padre.
Cuando podemos ver a Jesús en lo más profundo de El, veremos al Padre. Si tu aun ves al Padre como un ser tirano, el Padre lejano, el Padre castigador es porque aun no has visto a Cristo en el mundo espiritual. Es porque aun no ves que lo Jesus vino a hacer en la tierra era mostrarnos al Padre, PERO EN EL MISMO, no a través de predicaciones.
Cuando conocemos a Dios Padre, ya no creemos que Dios va a hacer algo malo con nosotros, o va a destruir o arruinar nuestra vida. No, porque ya no hay un espíritu de temor hacia Dios. Fijate en Jesús. Su Padre lo estaba enviando a morir. Pero Jesús jamás dijo…no si mi Padre es malo, mi Padre no me ama, me hace veni a morir por estos pecadores. No!! Jesús tenía una comunión tan profundamente con el Padre que sabía que si el lo enviaba a morir era porque tenía preparado lo mejor para El. Luego de su muerte Cristo pudo tener el nombre sobre todo nombre. De la misma forma nuestra relacion con el Padre debería ser la misma. Someternos a su voluntad. Saber que el tiene lo mejor para nosotros.
Aun temes lo que Dios pueda hacer en tu vida, pensando que quizás tu vida será de ahora en adelante una vida solo de sufrimiento. Si es asi, aun no conoces a Jesús, ni tampoco al Padre.
La Biblia dice que hemos recibido un espíritu de adopción. Por este espíritu clamamos Abba Padre. Abba quiere decir papito en una relación muy profunda. Dios nos da su Espíritu para que tengamos una profunda relación con el Padre.
Abba es esa relación de papito. Del Padre que me ama tanto que renuncio a todo. Renunció a que su nombre fuera basureado por Satanás por mis pecados. Renunció a su trono de gloria. Renunció a su poder. Incluso renunció a su propio Hijo. Lo amaba con todo su corazón pero incluso lo entregó, renunció a EL. Sin embargo, cuanto nos amó que a lo único que no renunció FUE A TI. Pudo habernos destruído como pecadores, y renunciado a nosotros. Sin embargo renunció a Jesús, pero no renunció a nosotros.
Aprendamos a conocer al Padre en la sobrenaturalidad. Es el deseo del corazón de Dios

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¿Qué es el espíritu? Una aproximación general.
Abril 26, 2008
Con este tema quiero comenzar a tratar en detalle la temática por que fue creado este blog “la espiritualidad”. En este último tiempo me he dado cuenta que Dios me ha hablado sobre muchos temas, la sangre, el amor, la cruz, entre otros, sin embargo, el eje transversal que recorre cada uno de estos temas es la vida espiritual. Se que este es un asunto muy poco mirado en la actualidad, no obstante su valor es tremendamente importante. La forma en que expondré estos temas siempre son de una mirada práctica y aplicada a nuestra vida, ya que no es mi objetivo entrar a teorizar sobre estos aspectos, sino mas bien ver su aplicación en nuestro crecimiento espiritual diario
La pregunta de indagación con la que iniciare este tratado es
¿Qué es el espíritu?
“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios. Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente. En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie. Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo“
(1 Cor 2:10-16)
Introduccion
El Domingo recién pasado (20 de Abril del 200
apareció en la sección “Reportajes” del Diario El Mercurio un artículo titulado “ Científicos recrean las condiciones tras el Big Bang” . Básicamente se explicaba que físicos de diferentes lugares del mundo esperan Octubre del 2008 para comenzar a dilucidar cuales son las párticulas más pequeñas del Universo. Uno de los datos que me llamó profundamente la atención es que del total de la materia que existe, el 23% es Materia oscura, el 73% es Energía oscura y sólo el 4% es Materia visible (lo que nosotros vemos). Dentro de la pregunta que intenta responder esta investigación existe una que llamó profundamente la atención ¿De que esta hecho el 96% de la materia que no vemos?
“Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía” (Heb 11:3)
Muchas veces nos centramos demasiado en lo que vemos, en lo que está enfrente de nuestros ojos, sin embargo, casi la totalidad de lo que nos rodea existe, pero no lo vemos. Sin embargo, la estructura de conocimiento del hombre privilegia desde ya hace muchos siglos aquellos que sólo se puede ver. Si nos fijamos en las mismas ciencias, estas casi siempre parten su campo de estudio en las cosas plausibles, y aquello que no se ajusta a ser estudiado dentro del método científico es catalogado como pseudociencia (como si el método científico dictaminará que es lo que existe o no).
El Hombre: ¿De qué estamos hechos?
Cuando nos introducimos en la Biblia, esta nos muestra la naturaleza del ser humano.
“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gen 2:7)
El ser humano creado por Dios tiene dos grandes componentes (doble naturaleza). Por un lado tiene una naturaleza material: El cuerpo “…del polvo de la Tierra”; y una naturaleza inmaterial: Alma y Espíritu “…aliento de vida”.
El hombre combina (o debería combinar) en su ser dos clases de relaciones: con lo material y con lo espíritual. El Espíritu Santo nos menciona “…el hombre es de la tierra, terrenal” (1 Cor 15:47), y el espíritu del hombre es como un tesoro que está en estos vasos de barro “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro” (2 Cor 4:7).
En esta línea, los seres humanos estamos formados por Espíritu, Alma y Cuerpo. Veamos cada uno de estos elementos.
CUERPO
El cuerpo es nuestra parte material. Es aquella con lo que tenemos contacto con lo que nos rodea. Es la parte que se va desgastando, debido al pecado del hombre. Es lo que se mueve bajo las leyes naturales. Finalmente, luego de envejecer, morimos y se produce la separación de nuestro cuerpo con nuestro espíritu y alma.
ALMA
El alma es el lugar donde residen los pensamientos, la voluntad, la mente, las emociones, el temperamento. Podríamos decir que en este lugar es donde se encuentra la psique, nuestra capacidad de razonamiento.
ESPIRITU
Luego de la descripción bastante resumida que vimos anteriormente, entonces que es el espíritu. Al parecer todo lo que “somos” ya fue nombrado anteriormente. Para que entonces es el espíritu. ¿Cuál es su función?
Este es el punto donde ha estado una de las mayores dificultades para poder vivir una vida integral en el Espíritu Santo, ya que ignoramos la existencia de nuestro espíritu al interior nuestro; o a veces lo confundimos con nuestra alma, emociones, conciencia, voluntad, aspectos que no podemos ver en nuestro ser, pero que no por esto forman parte de nuestro espíritu.
Es urgente que reconozcamos la existencia del espíritu en nuestro interior, algo más profundo que nuestros pensamientos, y no solamente debemos entender que existe, sino que también cual es su función.
¿Por que es importante conocer nuestro espíritu?
Esto no es un ejercicio filosófico para ocupar nuestra mente. Absolutamente No. Con todo esto que estamos viendo no hay una intención de aumentar tu caudal intelectual, y de saber más. Al contrario, es necesario conocer nuestro espíritu por su tremenda importancia en nuestra comunión con Dios. Como cristianos lo que más deseamos es tener intimidad con Dios, relacionarnos con El, saber que es lo que piensa, y nuestra vida entera es para conocerle a El, y conocer todo lo que es el, y ser llenos de El.
“y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios” (Efe 3:19)
El versículo anterior es uno de esos versículos desafiantes. Piensa por un minuto en la mente de Dios. ¿Como será la mente de Dios?. ¿Es nuestro Dios grande?
“seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura” (Efe 3:1
“Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener” (1Rey 8:27)
Entonces ¿Como podemos ser llenos de toda la plenitud de Dios? La respuesta es: A través de nuestro espíritu
“Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios” (1Cor 2:10)
Recordemos que somos creados a la imagen y semejanza de Dios. De la misma forma que en nosotros, el Espíritu Santo es lo más profundo de Dios.
“Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1Cor 2:11)
Aquel que conoce todo lo de Dios, incluso lo más profundo es el Espíritu Santo. Por eso para poder tener una relación íntima con Dios, esta debe ser obligatoriamente a través del Espíritu Santo, es decir, una comunión espiritual. Quizás conocemos mucho de Dios nuestro intelecto, en nuestro conocimiento, sin embargo a Dios no lo podemos conocer como conocemos de Sócrates, o del átomo o las mitocondrias. A Dios sólo podemos conocerlo a través del Espíritu Santo.
“Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido” (1Cor 2:12)
Dios se comunica a través de nuestro espíritu. Revela su voluntad a nuestro espíritu. El Espíritu de Dios se comunica a través de nuestro espíritu, y de esa forma podemos ser llenos de la plenitu de Dios.
Nacer del espíritu
“Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu (Jn 3:5-
“Porque la palabra de Dios es viva, y eficaz, y más aguda que toda espada de dos filos, Y penetra hasta la división entre alma y espíritu, sí, y hasta las coyunturas y los tuétanos, y es hábil en discernir los pensamientos y propósitos del corazón” (Heb 4:12 V.M)
Hay dos grandes momentos en nuestra vida espiritual. El primer momento es cuando reconocemos a Jesucristo como nuestro Señor y Salvador. Reconocemos nuestros pecados y le pedimos que venga a gobernarnos. El segundo gran momento es cuando nacemos del Espíritu.
Esta es la gran diferencia en la vida cristiana. Hay muchos cristianos que han hecho su declaración de fe, quizás van a la iglesia todas las semanas, se emocionan cuando escuchan del amor de Dios, quieren más de Dios, pero aún su alma gobierna sobre sus espíritus. A veces entendemos a una persona carnal como alguién quien cae en constantes pecados sexuales, sin embargo, andar en la carne es andar de acuerdo a nuestros propios deseos.
Tu te preguntarás ¿Por qué sucede esto? Yo ya acepté a Cristo como mi Señor y Salvador. Quizás puedes decir como el Apóstol Pablo, quiero hacer el bien pero hay algo en mi que no me deja.
Lo anterior sucede porque alguien que aceptó a Cristo en su corazón puede ser carnal todavía. Esto es porque su espíritu puede estar siendo atado por su cuerpo o por su alma. La voluntad de Dios para sus hijos es que el alma y el espíritu se separen.
Por un lado, el Espíritu Santo, quien mora en nuestro espíritu quiere hacer su voluntad en nuestras vidas. Quiere que podamos seguir sus deseos, y que moremos con el Padre en la plenitud de sus bendiciones. Pero por otro lado nuestra alma y nuestro cuerpo se oponen a eso. Nuestro cuerpo “tiene” sueño y desea dormir, nuestra alma tiene tristeza y entra en estados de depresión que van contra la voluntad de Dios. El pecado actúa en nuestro cuerpo o nuestra alma. Entonces se produce la lucha. Por un lado el Espíritu Santo, trata de tirar a nuestro espíritu a hacer su voluntad, pero al mismo tiempo el alma y el cuerpo tratan de llevar a nuestro espíritu a hacer nuestra propia voluntad.
¿Como separamos nuestra alma de nuestro espíritu?
Para entender este punto tratemos de pensar en la gran mayoría de las personas y su reacción ante la muerte de algún familiar cercano. La gente dice que el cuerpo de la persona se encuentra en el féretro, sin embargo su espíritu está en el cielo con Dios. Toda la gente que cree que existe un cielo, se dan cuenta de la división entre el espíritu y el cuerpo en el momento de la muerte.
“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva” (Rom 6:3-4)
“sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado” (Rom 6:6)
“Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero” (1Cor 15:31)
De la misma forma que en la vida natural. La única forma para llegar a una dimensión espiritual es a través de la muerte. Pero de la muerte a nuestra carne, de la muerte a nuestra voluntad. De la muerte a nuestro yo, y de aceptar la voz del Espíritu Santo en nuestra vida y obedecerle. Muchas veces en nuestra vida cristiana, oramos todas las mañanas pero le decimos “Espíritu Santo, aquí está mi día, bendícelo, mis estudios, ayúdame”. Sin embargo no llegamos a decirle “Espíritu Santo, que deseas que haga en este día, mi vida es tuya, has lo que tu quieras”.
Esta es la gran diferencia. Aquella persona que es espiritual, camina todos los días de la mano con el Espíritu Santo, y su propia voz ya no importa. Ha anulado su propia voz, y oye sólo la voz de Dios. Por eso Jesús decía que aquel que ha nacido del Espíritu es como el viento, que no sabe adonde viene ni adonde va, es decir, el Espíritu de Dios nos lleva y no sabemos hacia donde nos dirigimos, solo seguimos su voluntad.
Para esto debemos crucificarnos a nosotros mismos todos los días. Siempre vamos a querer hacer nuestra propia voluntad. Para ser guíados por el Espíritu Santo debemos ser mucho más livianos que el aire, para poder ser transportados por el viento. De la misma forma que cuando Jacob “peleó” con Dios, que quiere decir que su naturaleza fue desintegrada, fue transformado, hecho polvo, debemos ser desintegrados y ser más livianos que el polvo.
Fortalezcamos nuestro hombre interior (el espíritu) a través de la Palabra y la Oración hasta que sintamos que nuestro espíritu es libre de nuestra alma y nuestro cuerpo y vivir en libertad para servir a Dios, y esa verdad está en su palabra.
“y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:32)
“... tu palabra es verdad” (Juan 17:17)
La verdadera libertad es cuando ya no estamos atados a nuestra alma y cuerpo, sino cuando estamos regidos por la Ley del Espíritu.

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La sangre de Jesús: Llave para entrar en la espiritualidad (Parte 2)
Abril 4, 2008
En el post anterior vimos principalmente de donde provenía la sangre de Jesús. El núcleo fundamental del tema pasado era que el Espíritu Santo (Espíritu Eterno), se mueve a través de la sangre de Cristo. Revisamos que la sangre de Cristo, no es una sangre corruptible, ya que por el Espíritu Eterno que actúa en ella, pudo ser llevada al cielo (lugar espiritual) luego de haber sido derramada por Jesús (el Cordero de Dios), y posteriormente, inmediatamente despues del momento de la ascensión, pudo ser presentada ante el Padre (a través de Jesus como Sumo Sacerdote, quien la presenta) y de esta forma ser aceptada por el Padre, y, mediante esto, ser finalmente quitado el pecado de en medio, en el mundo espiritual, afectando el mundo material. Todo esto ocurre antes de la venida del Espíritu Santo a la Tierra, en el aposento alto en la fiesta de Pentecostes. Es aquí donde surge la pregunta que recorrerá todo este estudio
1. La redención del pecado (aspecto que fue tratado en el post anterior)
2. Ser un medio para la llenura del Espíritu Santo (aspecto que trataremos en este artículo)
Introducción
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.” (Hechos 2:1-4)
La Sangre y el Espíritu Santo. El Espíritu Santo y la Sangre. Encontrar las fronteras entre estos dos Espíritus es casi imposible. Siempre en la Biblia aparecen actuando juntos. Pero en esta ocasión vamos a observarlo desde como actúa el Espíritu Santo a través de la Sangre.
El Espíritu Santo se mueve a través de la Sangre. Para explicarlo de mejor forma nos remontaremos cerca de mil quinientos años antes del nacimiento de Cristo. A través de la Ley que fue entregada, se nos da una clara representación de la unión férrea entre Sangre y el Espíritu Santo
“Porque la ley, teniendo la sombra de los bienes venideros, no la imagen misma de las cosas, nunca puede, por los mismos sacrificios que se ofrecen continuamente cada año, hacer perfectos a los que se acercan.·”(Heb 10:1)
La sangre y el Espíritu: Su unión en el caso de la purificación del leproso
La lepra. Una de las enfermedades que más se mencionan en el Antiguo Testamento. Básicamente la lepra se caracterizaba por ser una enfermedad en la piel, que forma secreciones y deformaciones. En la época de Moisés, los leprosos eran apartados del campamento, ya que traía contagio e infecciones. Alguien que contraía la lepra, era apartado de todos, y su vida se destruía, condenado a la separación del pueblo.
La lepra nos fue dada como una figura o sombra del pecador. La lepra es la “enfermedad” del pecado que nos separa de Dios y sus bendiciones. Sin embargo, existía una forma en la que el leproso se purificaba. Vamos a ver brevemente el proceso de purificación del leproso
- El leproso es traído al Sacerdote: “Esta será la ley para el leproso cuando se limpiare: Será traído al sacerdote, y éste saldrá fuera del campamento y lo examinará; y si ve que está sana la plaga de la lepra del leproso, el sacerdote mandará luego que se tomen para el que se purifica dos avecillas vivas, limpias, y madera de cedro, grana e hisopo” (Lev 14:2-4)
Todo lo que veremos a continuación es una sombra de la redención por la Sangre de Cristo. En primer lugar el sacerdote debía venir al leproso fuera del campamento. Como mencionamos anteriormente, el leproso no podía disfrutar de las bendiciones del campamento. De la misma forma, nosotros, pecadores, estabamos excluídos fuera de la presencia y bendiciones de Dios. De la misma forma, Jesús salió fuera del campamento a padecer. “Salgamos, pues, a él, fuera del campamento, llevando su vituperio” (Heb 13:13). Ahora, cada elemento que toma el sacerdote, son una clara representación de la muerte y la resurrección de Cristo. Dos avecillas limpias, que representan la muerte y la resurrección de Cristo, madera de cedro, que representa la cruz, la grana que representan los sufrimientos, y el hisopo que representa nuestra fe en la Sangre. - Sacrificio de una ave: “Y mandará el sacerdote matar una avecilla en un vaso de barro sobre aguas corrientes. Después tomará la avecilla viva, el cedro, la grana y el hisopo, y los mojará con la avecilla viva en la sangre de la avecilla muerta sobre las aguas corrientes” (Lev 14:5-6). Lo primero que debía hacer el sacerdote era matar una de las aves en un vaso de barro. Esto representa la muerte del Señor Jesucristo en un cuerpo humano (sangre en el vaso de barro). Es el derramamiento de la sangre de Jesús en un vaso terrenal. Posteriormente a esto, se tomaba el cedro (la cruz), la grana (sufrimientos de Cristo) e hisopo (la confesion de fe) y con todos estos elementos se mojaba a la avecilla viva con la sangre de la que había sido sacrificada.
- El ave viva es rociada y liberada: “y rociará siete veces sobre el que se purifica de la lepra, y le declarará limpio; y soltará la avecilla viva en el campo.“(Lev 14:7). El leproso era rociado siete veces con la sangre del ave que es tipo de las siete veces que Cristo derramó su Sangre, que a su vez es rociada sobre nosotros y nos limpia. Y luego, el ave, que había sido roceada con la sangre del ave muerta, es soltada, esto es, la resurrección de Cristo, que asciendo a los cielos con la sangre de su derramamiento en cuerpo terrenal.
- Posibilidad de entrar al Campamento: “Y el que se purifica lavará sus vestidos, y raerá todo su pelo, y se lavará con agua, y será limpio; y después entrará en el campamento, y morará fuera de su tienda siete días.” (Lev 14:

Anteriormente fue aplicada la Sangre, que limpia los pecados. Ahora se añade el agua, que significa un cambio de vida, el arrepentimiento de la vida pasada, de la forma antigua de vivir. El agua está claramente representada en el bautismo. La limpieza a través de la Palabra. “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” (Efe 5:26)Proximamente veremos la estrecha relación entre la sangre, el agua y el Espíritu. Luego de haber sido lavado, el leproso tenía acceso una vez más al campamento. Esto quiere representar al pecador que vuelve al campamento, es decir, la salvación. Pudieramos pensar que el proceso de la purificación acaba aca, pero ahora veremos algo impresionante - La unión de la Sangre y el Aceite: “El día octavo tomará dos corderos sin defecto, y una cordera de un año sin tacha, y tres décimas de efa de flor de harina para ofrenda amasada con aceite, y un log de aceite. Y el sacerdote que le purifica presentará delante de Jehová al que se ha de limpiar, con aquellas cosas, a la puerta del tabernáculo de reunión; y tomará el sacerdote un cordero y lo ofrecerá por la culpa, con el log de aceite, y lo mecerá como ofrenda mecida delante de Jehová. Y degollará el cordero en el lugar donde se degüella el sacrificio por el pecado y el holocausto, en el lugar del santuario; porque como la víctima por el pecado, así también la víctima por la culpa es del sacerdote; es cosa muy sagrada. Y el sacerdote tomará de la sangre de la víctima por la culpa, y la pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho“(Lev 14:10-14). Cuando el leproso volvía a entrar al campamento debía presentar un sacrificio. Debía tomar sangre (figura de la sangre de Cristo), Harina (cuerpo molido de Cristo), y aceite (figura de la unción del Espíritu Santo). La sangre y la harina, representan la mesa del Señor, la Santa Cena, donde Jesús dijo “y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí.” (1Cor 11:24) y “Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí” (1Cor 11:25). Lo anterior, representa que el pecador una vez salvó, limpio de su lepra, es decir, el pecado, tiene una comunión profunda con Cristo, en su muerte y resurrección. “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” (Gal 2:20). Ahora, una vez sacrificado estos tres animales, el sacerdote untaba sangre en el lóbulo de la oreja derecha, en el pulgar de la mano derecha y en el pulgar del pie izquierdo. La sangre del lóbulo de la oreja derecha representa la liberación de la culpa y la condenación. Por esto Pablo dice “Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (Rom 8:1). La sangre en el pulgar de la mano derecha representa la purificación en el trabajo que hacemos en la obra en el “campamento” o el ministerio. Y la sangre en el pulgar del pie representa la limpieza en nuestro caminar cristiano.
- Unión de la sangre y el aceite: “Asimismo el sacerdote tomará del log de aceite, y lo echará sobre la palma de su mano izquierda, y mojará su dedo derecho en el aceite que tiene en su mano izquierda, y esparcirá del aceite con su dedo siete veces delante de Jehová. Y de lo que quedare del aceite que tiene en su mano, pondrá el sacerdote sobre el lóbulo de la oreja derecha del que se purifica, sobre el pulgar de su mano derecha y sobre el pulgar de su pie derecho, encima de la sangre del sacrificio por la culpa” (Lev 14:15-17). Posteriormente a la aplicación de la Sangre el sacerdote tomaba el aceite (figura de la unción del Espíritu Santo) y la esparcía siete veces, (símbolo de plenitud, de llenura del Espíritu Santo), y posteriormente aplicaba el aceíte donde había sangre, es decir, en el lóbulo, en los pulgares de la mano y pie derecho. Esto nos muestra, que el Espíritu Santo está unido poderosamente a la Sangre de Cristo. Donde está la sangre está el Espíritu Santo. Es decir, la unción sigue a la sangre
- Aceite sobre la cabeza: “Y lo que quedare del aceite que tiene en su mano, lo pondrá sobre la cabeza del que se purifica; y hará el sacerdote expiación por él delante de Jehová.”(Lev 14:18). Finalmente el aceite, figura de la llenura del Espíritu Santo es aplicado sobre la cabeza del ex-leproso, símbolo de la llenura total del Espíritu Santo en el cristiano.
En todo el ejemplo anterior vemos que el Espíritu Santo alcanza su pleno poder en nosotros por medio de la Sangre. Cuando la sangre es derramada y honrada, y nosotros estamos unidos a Cristo, el Espíritu Santo puede actuar. Como explicabamos anteriormente la sangre quita de en medio el pecado. Sin derramamiento de sangre, que quita el pecado, hubiese sido imposible que el Espíritu Santo hubiese venido sobre nosotros y tomar control de nuestras vidas. Recordemos siempre que el Espíritu Santo actua siempre en la sangre, cuando estamos unidos a Cristo. Es en este contexto donde nos surge una nueva pregunta.
¿Por que el Espíritu Santo no podía venir a tomar posición en el corazón del hombre antes del derramamiento de la sangre de Jesús?
En el Antiguo Pacto, el Espíritu de Dios sólo venía en algunas ocasiones y momentos específicos sobre hombres seleccionados. Sin embargo, el Espíritu Santo no podía hacer morada en el hombre, por el pecado. La santidad misma de Dios, El Espíritu Santo, no puede morar en un lugar donde hay pecado. Recordemos que cuando el sumo sacerdote entraba en el lugar santísimo, debía hacerlo sin pecado, ya que si no moría por la santidad de Dios.
En el comienzo, el Espíritu de Dios tenía comunión con el espíritu de Adán y Eva. Sin embargo en el momento en el que el hombre peca, el pecado lo separa de Dios y lo esclaviza al mismo pecado. Es decir, el hombre cae esclavo del pecado. El pecado toma poder sobre el hombre. Antes de la caída, el Espíritu de Dios tenía poder sobre el hombre, sin embargo, posterior al pecado, este último toma control del hombre. Cuando Jesucristo vino en carne tuvo que someter el poder del pecado en su cuerpo para destruir el poder del pecado. Para esto Jesús tuvo que ir en contra de su voluntad. Perdió su vida y su voluntad negándose a si mismo. De esta forma aprendió obediencia y alcanzó la perfección “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen“(Heb 5:8-9). Jesús sometió al pecado en su persona. Y en su persona destruyó el poder del pecado. Jesucristo anuló el poder del pecado primero en su cuerpo, es por eso que El puede anular ese poder ahora en nosotros, y de esta forma nos reconcilia con Dios, para volver a ser uno con Dios.
Para que cada uno recibamos el poder de la anulación del pecado en nuestras vidas debemos presentar nuestra vida en sacrificio delante de Dios, y estar muertos a nosotros mismos, de la misma forma que Jesús, en negación a hacer nuestra propia voluntad. Por eso Jesucristo nos dice “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” (Luc 9:23). La ley de vida que tenía Jesús en la Tierra era: Sumisión total a la voluntad del Padre. Es por esto, que el poder de la cruz se haya en la obediencia de Jesucristo.
“Yo le dije: Señor, tú lo sabes. Y él me dijo: Estos son los que han salido de la gran tribulación, y han lavado sus ropas, y las han emblanquecido en la sangre del Cordero” (Apoc 7:14). En este versículo, nos habla de la sangre del cordero, de un cordero “manso y humilde”. Recordemos que el pecado es la exaltación propia, el orgullo, la no dependencia de Dios. Cristo venció el poder del pecado en su cuerpo, porque el “se humillo hasta lo sumo” De la misma forma, si queremos que la sangre de Cristo anule el poder del pecado debo todos los días morir “al yo”. Es decir, como Pablo dice “Crucificandonos todos los días junto a Cristo”. Y ante esto surge una nueva pregunta.
¿Si Cristo ya murió crucificado, porque nosotros ahora tenemos que crucificarnos junto con El?
Volvamos una vez más a las sombras del Antiguo Testamento. “Por siete días harás expiación por el altar, y lo santificarás, y será un altar santísimo: cualquiera cosa que tocare el altar, será santificada” (Exo 29:37). En el antiguo Pacto, hasta el altar se santificaba cuando se rociaba sobre el la sangre del cordero. Por esto, todo lo que tocaba el altar era Santo.
Jesucristo, el Cordero de Dios, derramó su sangre sobre la cruz. La cruz era el lugar donde “sería levantado el Hijo del Hombre” (Juan 3:14), es decir, la cruz es el altar que ha sido roceada con la sangre del Cordero. La cruz de Cristo es ese altar. Ahora, cuando la sangre santificaba el altar, todo lo que tocaba el altar era Santo. De la misma forma, cuando nosotros nos crucificamos junto con Cristo, es decir, rendir nuestra voluntad, al tocar la cruz, que es el altar, somos declarados Santos, somos santificados. Ahora, sobre el cordero que estaba en el altar siempre se encendía fuego, que es tipo del Espíritu Santo, consumiendo nuestras vidas.
Nos falta explicar un solo elemento más para entrar a la conclusión de este tema. Este es el vino, figura de la sangre de Cristo. “Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. (Gen 49:11). Este versículo, representa la bendición de Jacob (Israel) sobre Juda figura de Cristo. Y se refiere a su sangre vertida como el vino. Jesús nos dice que el es el verdadero vino (Jn 15:1). Ahora estamos listos para explicar lo que sucedió en Pentecostes.
Pentecostes era conocida como la fiesta de las Semanas. Esta fiesta ocurría cincuenta días después de la pascua (derramamiento de Sangre). Esta fiesta se conocía porque se presentaban los primicias de la cosecha. Según los Rabinos esta fecha coincidía con la fecha en la que fue entregada la Ley en las tablas en el monte Sinaí (este acontecimiento se llamaba Shavuot). Otra de las características de esta fiesta era que podia celebrarla cualquier persona, fuese judío o extranjero.
Por mucho tiempo se ha entendido pentecostes, como el momento en el que los apostóles hablaron en lenguas. Pero no hemos tomado en cuenta la magnitud e importancia de este acontecimiento y todo lo que trae junto con El. Hagamos un brevisimo recordatorio a los pactos de Dios. El primer pacto que hace Dios con el Pueblo Judío es con la ley. Todo pacto se sella con sangre, por eso en ese momento, roció las tablas de la Ley y al Pueblo con sangre. Sin embargo el nuevo pacto, es infinitamente superior al primero, este consistía en:
“Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo“(Jer 31:33)
Ya la ley no estaría en tablas de Piedra, sino que estaría en nuestra mente y en nuestro corazón. Jesús recordó este pacto y lo precisó aún más como “la promesa del Padre”
“Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.”(Juan 14:26)
“Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.” (Juan 15:26)
“Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí.” (Hechos 1:4)
Lo primero que sucede en Pentecostes, es que desciende el Espíritu de Dios sobre el ser humano, ahora el Espíritu Santo viene a hacer morada en el hombre. Nos convertimos, en el Templo donde Dios y su presencia habita. Luego de la Sangre de Cristo ya no hay impedimento para que venga el Espíritu Santo. Y ahora el escribe la Palabra en nuestro corazón. Pentecostes coincidía con el momento en el que la Ley fue entregada en el Sinaí. Sin embargo ahora se daba la Ley en el corazón, a través del Espíritu Santo, quien nos ayuda a cumplirla. Que tremendo plan de salvación. ¡Gracias Jesús por tu bendita y hermosa sangre¡
Tambien era la fiesta de las primicias. Se traían los primeros frutos de la cosecha. Los apóstoles eran los primeros frutos, luego de que todas las cosas fueron renovadas. Ya no había más esclavitud al pecado. Los apóstoles eran las primicias delante de Dios, las primicias de una nueva generación. La generación que ha sido comprada con la sangre de Cristo, para gobernar con el, para ser reyes y sacerdotes.
“y de Jesucristo el testigo fiel, el primogénito de los muertos, y el soberano de los reyes de la tierra. Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.“(Ap 1:5-6)
Jesús nos compró con su sangre. Pero cuando viene el Espíritu Santo sobre nosotros, esto es en Pentecostes, podemos llegar a ser Hijos de Dios y clamar Abba Padre. Somos Hijos de Dios al igual que Cristo.
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”(Rom 8:16-17)
Que tremendo¡¡ Tenemos las misma herencias que Cristo, y como Cristo Reina, nosotros tenemos poder de Reinar, de traer el Reino de Dios a la Tierra (ver posts anteriores).
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad” (Efe 1:3-5)
Somos la generación del segundo Adán. Tenemos las mismas promesas que Cristo. Como Hijos de Dios, todas las promesas que Dios Padre le hace a Jesús son para nosotros. Somos la extensión de Cristo en la Tierra. Somos su cuerpo. Somos su iglesia.
En Pentecostes, se consuma la promesa del Padre. La sangre y el sacrificio de Cristo son el medio para que esto ocurriese, pero Pentecostes es el cumplimiento de esa promesa. Y cuando viene el Espíritu Santo, hay una relación profunda y reestablecida con nuestro Padre. Se retoma la comunión con Dios.
Pero la sangre sigue presente en este acontecimiento. Todo esto es posible porque la sangre del cordero estaba presente y activa. El mismo Espíritu Santo activa la sangre. Había sangre derramada por eso el Espíritu Santo pudo venir (al igual que el caso del leproso), pero cuando viene el Espíritu Santo ocurre un fenómeno asombroso.
“y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.”(Hechos 2:3)
Recordemos que el fuego descendía sobre el sacrificio. Esto nos quiere decir, que los apostoles había decidido poner su vida sobre el altar, en sacrificio a Dios, en obediencia a su Palabra, que es la que purifica (es decir, el tipo del agua). Los apostoles estaban siendo consumidos como en un sacrificio
“Mas otros, burlándose, decían: Están llenos de mosto”(Hechos 2:13)
Recordemos que el tipo de la sangre era el vino. Ellos estaban rebosando en la Sangre de Jesucristo. Por eso podía venir sobre ellos el Espíritu Santo. Pablo dice que mejor antes de ser llenos de mosto, seamos llenos del Espíritu (vino, tipo de la sangre)
“Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen” (Hech 2:4)
Finalmente viene el Espíritu Santo. Que llena la vida y la santifica en el sacrificio de los apóstoles en el altar.
Vemos entonces como se cumple la escritura
“Y tres son los que dan testimonio en la tierra: el Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan“(1Jn 5:
Te darás cuenta que en toda la escritura están estos tres están siempre juntos.
Recordemos también que la fiesta de Pentecostes era una de las únicas en que no solo podían celebrarla judíos, sino también extranjeros. Es ahí donde entramos nosotros. Podemos ser llenos de la plenitud del Espíritu Santo y que el tome nuestras vidas.
Hoy tu puedes preguntar. ¿Que necesito para recibir todo estos beneficios? Y vamos a responder de la misma forma que respondió Pedro cuando le preguntaron como recibir todo esto
“Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare“(Hech 2:37-39)
Lo primero que hay que hacer es arrepentirse, es decir, dejar que la sangre de Jesucristo actue. Posteriormente, bautizarse, es decir nacer del agua y finalmente recibiremos el Espíritu Santo, es decir, nacimiento del Espíritu. ( si quieres entender más profundamente estos temas revisa los siguientes post ¿Como conocer a Dios a través del Espíritu Santo? y La obra del Espíritu Santo: Llevarnos a una vida espiritual y si tienes tiempo te recomiendo leer todos estos post -excepto el de la sección liderazgo-ya que todos tienen un mismo hilo conductor, entrar a una vida espiritual, por eso el nombre de este blog)
En conclusión en Pentecostés termina completamente la obra de redención. Como dijo Juan el Bautista, las dos cosas que Cristo haría
“El siguiente día vio Juan a Jesús que venía a él, y dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo“(Jn 1:29)
“Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquél me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ése es el que bautiza con el Espíritu Santo” (Jn 1:33)
Espero que estos dos estudios hayan sido de mucha bendición para ti. Quiero remarcar que este es sólo un estudio general. Podríamos profundizar en cada punto mucho más y extraer riquezas tremendas para nuestra vida diaria, espero prontamente publicar sobre esto. Es necesario entender que esto no es para alimentar el conocimiento, sino para que tomemos nuestra identidad y posición en el Reino de Dios y traer su gloria a la Tierra y orar como nos enseño Jesús
“Venga tu Reino, Hágase tu voluntad….”
(Si quieres seguir estudiando estos temas recomiendo el Libro “La sangre” del Pastor Benny Hinn, y La Sangre de la Cruz de Andrew Murray)

Continúa leyendo en la fuente original:
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La sangre de Jesús: Llave para entrar en la espiritualidad
Marzo 30, 2008
Unos pocos días antes de este último Viernes (Viernes de cruxificción), sentí en mi espíritu una profunda carga por el tema de la sangre de Jesucristo. En mis años anteriores de cristianos aprendí muchas cosas sobre la Preciosa Sangre de Jesús. Sin embargo, esto solamente era un conocimiento que aumentaba mi coeficiente intelectual, pero no lo había aprendido espiritualmente, para que hiciera crecer mi coeficiente espiritual. Por eso, desde el Domingo 23 de Marzo me he lanzado junto al Espíritu Santo a buscar la importancia y trascendencia de la sangre de Jesús. Hoy publicaré una primera parte de este estudio, que estoy seguro transformará tu vida, como también está transformando la mía
“Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia,” (Efe 1:3-7)
Quiero partir este estudio, con la misma pregunta que comencé a hacerme hace ya bastante tiempo. ¿De donde proviene la Sangre de Jesús? Si Jesús fue engendrado por el Espíritu Santo, ¿de donde venía su sangre? De esta pregunta se desprenden otras como por ejemplo ¿La sangre de Jesús se mezcló con la de María cuando estaba en el vientre? ¿Por la Biblia nos dice que no podemos comer Sangre? ¿Qué significa que la vida este en la sangre?¿Que hay en la sangre que redime todos nuestros pecados?
¿De donde proviene la Sangre de Jesucristo ?
“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”(Luc 1:30-35)
“Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.“(Mat 1:20)
Una de las mayores diferencias en nuestra creencia, con la de la Iglesia Católica, está en el papel de María ( la madre de Jesús). La creencia católica es que María es santa y también ascendió a los cielos. Junto con esto, está la creencia que María también tiene un papel de intercesora delante de Dios. No quiero entrar mucho en detalle sobre el rol de María y las diferencias que tenemos con esta doctrina. Sin embargo, toco este punto porque la fuente del razonamiento de la creencia católica para conferirle estas atribuciones a María es la siguiente.
“Como la sangre de Jesús es pura y sin mácula, de las misma forma la sangre de la madre de Cristo, quien lo tuvo en su vientre, también debe ser santa“
Si lo miramos desde un punto de vista razonable parece lógico este asunto. Pero un análisis más detallado nos hará ver que Cristo no compartió en ningún momento su sangre con María.
El niño en el vientre: El papel de la placenta
(Mis conocimientos en Biología no son muy profundos, por eso citaré lo que expondré a continuación)
“La placenta—del latín torta plana refiriendose a su apariencia en humanos—es un órgano efímero presente en la mayoría de los vertebrados—los marsupiales, por ejemplo, no producen placenta—y que relaciona estrechamente al bebé con su madre y atiende las necesidades de respiración, nutrición y excreción del feto durante su desarrollo”
“La barrera placentaria no puede ser atravesada por moléculas grandes, ni por tanto, por células sanguíneas, pero sí puede ser atravesada por algunos tipos de anticuerpos (los IgG), por lo que el feto queda inmunizado frente a aquellos antígenos para los que reciba anticuerpos de la madre”
“a circulación placentaria trae en cercana proximidad a dos sistemas circulatorios independientes, la materna y la fetal”
“La barrera placentaria está compuesta por estructuras que separan la sangre materna de la fetal y su composiciónvaría a lo largo del curso del embarazo.”
(Wikipedia, visitada el 28 de Marzo de 2007 18:50 hrs)
El nacimiento de Jesucristo no se produjo por la unión (por decirlo de alguna forma) del espermatozoide del Espíritu Santo y el óvulo de María. Lo que nos dice la palabra es que Cristo ha sido engendrado por el Espíritu Santo. Fue el Espíritu Santo quien pusó en el vientre de María el embrión de Cristo.
“Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas” (Sal 139:16)
Jesús en su estado embrionario fue alimentado por los nutrientes de María a través del cordón umbilical. Pero jamás hubo intercambio sanguineo entre ellos dos. Entonces la gran pregunta es ¿Cómo se originó la sangre de Jesús? ¿De donde viene?
Toda la información genética de Cristo proviene de Dios. No hubo intercambio de cromosomas con María, sino todo provenía del mismo Espíritu Santo. Es aquí donde vienen toda otra línea de argumentos en contra de la obra de Cristo que dicen que Jesús no luchó con el pecado, no le fue difícil porque el era Dios.
Jesús: El verbo hecho carne
Fue el mismo eterno Dios, el que fue hecho carne. Ahora, El fue convertido un ser humano, Dios en un cuerpo débil y dependiente. Es decir, entró en un modo de existencia en el cual las experiencias que le corresponden a los seres humanos también serían suyas.
“En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios;” (1Jn 4:2)
“Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Joh 1:14)
El Espíritu Santo escoge la palabra carne, para decirnos que Cristo vino en debilidad, donde las experiencias que viven los seres humanos serían también suyas. Cuando dice “fue hecho” carne nos muestra que Jesús asumió plenamente la humanidad. El es el ungénito Dios (el único Dios engendrado), pero que aún estando entre nosotros mantenía profunda comunión con el Padre
“A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer“(Juan 1:1
En conclusión de esta primera parte, podemos decir que en el cuerpo humano y débil de Cristo, habita corporalmente (es decir, en su Espíritu, alma y cuerpo), la plenitud de la Deidad
“Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Col 2:9)
Aquí es donde comienza a difuminarse nuestra interrogante. La sangre que tenía Cristo era la sangre de Dios. La sangre de Cristo vino directamete de obra de Dios. Es la sangre de Dios. Es lo invisible manifestado en lo visible. Es la palabra hecha realidad. Es la palabra siendo activada. Es lo que no se ve como si fuese, o como mejor lo dijo Juan “Es el verbo (palabra) hecho carne”. Cristo, es el verdadero hijo de la Fe prometido a Abraham.
Si hubiese sido sangre humana, contaminada con la naturaleza pecaminosa no hubiese podido redimirnos de nuestros pecados. Pero como es la sangre pura, manifestada de parte del mismo Dios, es que tiene el poder de cambiar nuestras vidas.
¿Cuál es la importancia de la sangre?
Sangre: Transmisor de vida
Dentro de los elementos que forman la sangre, hay uno muy importante llamado la hemoglobina, una proteína que es la que transporta el oxígeno por todo el cuerpo, que finalmente permite la respiración celular. (Wikipedia, 29 de Marzo de 2008. Visitada a las 10:59)
Es aquí donde apreciamos verdades importantisimas que incluso la vemos reflejada en nuestros sistemas físicos. Una de las mayores importancia de la sangre es que transmite el aire (donde se encuentra oxígeno, dióxido de carbono), o como también podríamos denotar de otra forma el viento.
“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día; y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto” (Gen 3: ![]()
Biológicamente hablando, la vida está en la sangre, porque esta transmite el aire (símbolo del Espíritu Santo) a todo el cuerpo y le da vida. De esta forma purifica nuestro cuerpo, dejando salir los elementos nocivos de nuestro cuerpo.
“Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis” (Gen 9:4)
“Solamente que te mantengas firme en no comer sangre; porque la sangre es la vida, y no comerás la vida juntamente con su carne” (Deu 12:23)
“diciendo: ¡No permita mi Dios que yo tal haga! ¿No es ésta la sangre misma de estos hombres? ¿He de beber acaso sus vidas? pues con riesgo de sus vidas la trajeron. Por tanto no quiso beberla.”(1Cr 11:19 Version Moderna)
Cuando la Biblia dice que la vida está en la sangre, se refiere a que es el espíritu el que hábita en la sangre, porque la vida está en el espíritu
“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente” (Gen 2:7)
La sangre de Cristo: El Espíritu de Dios en la sangre
Jesús fue hecho en semejanza a los hombres, en carne. Cristo cuando vino a la tierra tenía un cuerpo, y por este cuerpo fluía sangre. De la misma forma como fue explicado el versículo anterior, el poder de la vida de Cristo estaba en su sangre, porque el Espíritu Santo habita en esa preciosa sangre.
“¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?“(Heb 9:14)
El Espíritu Santo llevó a Jesucristo a derramar su sangre en la cruz del Calvario, por lo tanto el derramamiento de esta sangre fue guíado por el Espíritu Santo. El Espíritu de Dios vive en esta sangre. De esta forma la sangre de Cristo cuando fue derramada no se corrompió como la sangre de cualquier otro mortal, sino que pudo ser llevada al cielo como una realidad viva activada por el Espíritu que vive en la sangre, para ejercer su divino poder desde allí.
Quiero que puedas poner total atención a lo que a continuación expondremos. Pon toda tu atención para que no pierdas nada.
1. Desde que el hombre pecó, la paga de su pecado era la muerte, es decir, para que el hombre pagase por sus pecados el debía derramar su propia sangre y morir separado de Dios.
“Porque la paga del pecado es muerte,” (Rom 6:23) y “Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión” (Heb 9:22).
Pero Dios, permite por un tiempo que la sangre de los animales cubra los pecados del hombre. Es por esta causa que desde Adán en adelante, para cubrir los pecados siempre debía haber derramamiento de sangre animal. La sangre animal cubría los pecados en la tierra. En un plano terrenal (posteriormente explicaremos de mejor forma esto)
“¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra? (Ecc 3:21)
La palabra expiación significa cobertura
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Gen 3:21)
Abel conocía que el sacrificio que Dios quería era el derramamiento de sangre. . Abel por un lado era pastor de ovejas, y su hermano Caín era labrador. En Hebreos 11:4 dice que por la fe Abel ofreció más excelente sacrificio, en Romanos 10:17 dice que “la fe viene por el oír”. Por lo tanto, tanto a Abel como a Caín sus padres les enseñaron que debían derramar sangre. Ambos sabía que debía derramar sangre por eso Dios posteriormente a la presentación del sacrificio de ambos le dice a Caín
” Entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado, y por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres, ¿no serás enaltecido? y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta; con todo esto, a ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él” (Gen 4:6-7)
De ahí en adelante vemos como todos los hombres que tuvieron tratos con Dios, de por medio tuvó que existir derramamiento de sangre. Casos como Noé, Abraham, Job abundan en las escrituras.
Como lo mencionamos anteriormente, Dios permite el derramamiento de la sangre de los animales para cubrir los pecados, pero esto es solamente desde una perspectiva terrenal. El sumo sacerdote en la epoca del sacerdocio levítico podía entrar con la sangre de los animales y purificar los pecados todos los días en el lugar santo. Como lo veíamos anteriormente en el libro de Eclesiastes el derramamiento de sangre animal solo servía para la tierra.
Pero para que el hombre pudiera entrar en una esfera espiritual o de relación con Dios, debía derramar su propia sangre. Y es aquí donde viene el gran problema. La sangre humana tenía la infección del pecado, por lo tanto, era mortal, ya no era espiritual, por lo tanto al ser derramado por el precio del pecado, le costaría al hombre la vida y separarse definitivamente de Dios.
2. Dios se cansa de la sangre de los animales. Y finalmente decide envíar a su Dios Unigénito a nacer en la Tierra, Jesús. Y como explicabamos en el principio, Cristo tenía la naturaleza divina, pero estaba en un cuerpo físico, limitado de carne y sangre. Recordemos que el poder de la vida, es decir, el Espíritu Santo estaba en la sangre de Cristo. La sangre de Jesús no era como la cualquier humano, porque ella no poseía un espíritu humano corrompido, sino que por esa sangre vivía el Espíritu de Dios. Por lo tanto como decía el Apóstol Pablo en el Libro de Hebreos, de la misma forma como el Espíritu es eterno, esa sangre era eterna e incorruptible
““¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?“(Heb 9:14)
Quedémonos con esto en nuestras mentes por un tiempo más
3. Cristo en la Tierra vive con un cuerpo humano. Fue tentado en todo. Sufrió aflicciones. Vivió como un hombre. Jesucristo jamás pecó, por eso la naturaleza humana pecaminosa no entró en El. Finalmente Cristo, cumpliendo la profecía es llevado al madero. Es aquí donde sucede un hecho fabuloso. ¿Como Dios siendo justo puede desatar todos los juicios del pecado sobre una persona, que es inocente y libre de todo pecado? Pongámonos en el siguiente caso. Supongámos que una madre va a un juzgado queriendo poner su vida para que la condena caiga sobre ella en vez de su hijo que cometió un delito. El juez aunque entendería el amor de la madre no podría juzgarla, porque justicia es dar a cada uno lo suyo, y la mujer no tendría nigún argumento para ser juzgada por su hijo. Cuanto más Dios, que su naturaleza es ser justo, no podría condenar a su Hijo porque era Santo. Pero es aquí donde entra a operar esa bendita obra de redención. Debía existir un argumento legal o jurídico para que la justicia de Dios se descargara sobre su Santo Hijo. Y este argumento está en la Ley y principalmente en la cruz. En el libro de Deuteronomio dice que es maldito aquel que no cumple todas las palabras de la Ley. No era cumplir sólo un artículo, sino era cumplir toda la ley. Y esta Ley tenía un artículo que decía.
“no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre el madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado; y no contaminarás tu tierra que Jehová tu Dios te da por heredad” (Deu 21:23)
Si Cristo no hubiese subido a esa cruz, no hubiese habido argumento para que la maldición de Dios cayera sobre su Hijo. Pero cuando deciden colgarlo en la cruz, es el argumento legal que Dios tiene para maldecir a su Hijo, aunque este no hubiese pecado.
” Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero),” (Gal 3:13)
Es en ese instante cuando todo el peso del pecado, todos los demonios, enfermedades vienen sobre el cuerpo de Jesucristo, y carga la maldición en el mismo. Es en esta cruz donde Cristo derrama su sangre, esa sangre que tenía la vida de Dios, el Espíritu Santo en ella. La sangre donde habita el Espíritu Santo es derramada en esa cruz. Y como dice la Biblia, sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. En ese momentó Cristo derrama su vida.
En ese instante Cristo manifiesta la realidad de la figura del cordero que derramaba su sangre en el antiguo Testamento. Sin embargo, esta sangre no es cualquier sangre, es la sangre con el Espíritu Santo, es decir, una sangre incorruptible y eterna.
Y es aquí donde viene lo más sorprendente de todo. Había sido derramada la sangre del Cordero de Dios Cristo. Pero con Cristo muerto, no había nadie que hubiese entrado en el lugar santísimo, a presentar la sangre delante de Dios, y de esa forma justificar y finalmente redimir el pecado del hombre. Cristo murió. Sin embargo es aquí donde la justicia de Dios se vuelve a manifestar. Leamos una vez más este versículo
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rom 6:23)
Cristo fue un hombre que no pecó nunca en su vida en la Tierra. Pilatos se lavó las manos en el Juicio de Jesús porque menciona que no hay nada malo en El. Era el cordero puro y sin manchas. Cristo murió porque fue maldito delante de Dios en la cruz. Sin embargo el no peco. Y si legalmente la paga del pecado es muerte, pero Cristo no había pecado, Entonces por Ley no podía estar muerto. Es en ese momentó glorioso cuando el Espíritu Santo justamente resucita a Jesucristo de los muertos, porque la muerte no pudó contenerlo y le arrebata las llaves del Hades a Satanás. Jesus resucita y tiene la vida en El.
4. Cristo posteriormente a resucitar, se presenta por cuarenta días a sus discípulos con pruebas indubitables de su resurrección.
” Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.” (Hechos 1:4-5)
Es impresionante cuando entendemos porque el Espíritu Santo no podía venir a morar en el corazón hasta que Cristo ascendiera.
“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra. Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos“(Act 1:8-9)
Cristo, luego de haber prometido el Bautismo en el Espíritu Santo, es acendido en los cielos. Pero ¿Que pasó cuando Cristo ascendió a los cielos?
““Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay testamento, es necesario que intervenga muerte del testador. Porque el testamento con la muerte se confirma; pues no es válido entre tanto que el testador vive. De donde ni aun el primer pacto fue instituido sin sangre. Porque habiendo anunciado Moisés todos los mandamientos de la ley a todo el pueblo, tomó la sangre de los becerros y de los machos cabríos, con agua, lana escarlata e hisopo, y roció el mismo libro y también a todo el pueblo, diciendo: Esta es la sangre del pacto que Dios os ha mandado. Y además de esto, roció también con la sangre el tabernáculo y todos los vasos del ministerio. Y casi todo es purificado, según la ley, con sangre; y sin derramamiento de sangre no se hace remisión. Fue, pues, necesario que las figuras de las cosas celestiales fuesen purificadas así; pero las cosas celestiales mismas, con mejores sacrificios que estos. Porque no entró Cristo en el santuario hecho de mano, figura del verdadero, sino en el cielo mismo para presentarse ahora por nosotros ante Dios; y no para ofrecerse muchas veces, como entra el sumo sacerdote en el Lugar Santísimo cada año con sangre ajena. De otra manera le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio del mundo; pero ahora, en la consumación de los siglos, se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo para quitar de en medio el pecado. Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.
(Heb 9:11-2
Pon toda tu atención. Cristo sube, y como Sumo Sacerdote al cielo. Debido a que El resucitó y la muerte no pudo contenerlo, pudo ser resucitado en un cuerpo glorificado. Pero recordemos que su sangre no era como cualquier sangre, era la sangre donde corriá el Espíritu Santo, es decir, una sangre espiritual. Por eso Jesús el sumo sacerdote, puede tomar esta sangre espiritual, ya que si fuese solamente carnal, no podría entrar en un lugar celestial. Ahora como dice Pablo, este Sumo Sacerdote entra al verdadero lugar santísimo, el cielo. En el cielo no hay tiempo ni espacio, por eso no es necesario que el muera todos los días, porque la sangre es presentada en un lugar espiritual. Cuando los sacrificios eran en la tierra se debía presentar todos los días en el lugar Santo, pero la sangre de Cristo es espiritual, por lo tanto afecta todo de una vez y por todas. Si nosotros hubiesemos derramado nuestra sangre por nuestros pecados, hubiesemos muerto y no podríamos haber presentado nuestra sangre en el lugar santísimo, porque la paga del pecado es muerte y no hubiese existido argumento legal para resucitarnos y finalmente estaríamos alejados de Dios. Sin embargo, Cristo toma nuestro lugar y es el sumo sacerdote que puede presentar la sangre espiritual delante de Dios. Dios al ver esta sangre la acepta y es en ese momentó cuando el pecado es quitado del medio, y el pecado desaparece por la sangre de Cristo. En la antiguedad, el pecado solamente se cubría, sin embargo ahora por la sangre de Cristo el pecado es borrado de nuestras vidas.
En el proximo post, veremos en detalle lo que la Sangre activada por el Espíritu Santo, produce en nuestras vidas

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¿Que retiene la venida de Jesús?
Marzo 16, 2008
La pregunta con la que se inicia esta exposición de la Palabra de Dios, es un tanto desafiante. Por mucho tiempo he escuchado muchas posiciones teológicas sobre la venida del Señor Jesucristo, haciendo alusión a sucesos o fenómenos ambientales, políticos, religiosos que deben suceder antes que aparezca Jesucristo en su gloria y majestad. Muchas de esas posturas tienen la razón en cuanto a las señales del fin, pero hay una señal que muy pocos han tocado, pero que en este tiempo Dios está revelándola. Quiero que puedas quedarte con esta pregunta y al fin de este post, podremos responderla. ¿Que retiene la venida de Jesús?
“Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo” (Hechos 3:19-21)
“Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio. Las eras se llenarán de trigo, y los lagares rebosarán de vino y aceite. Y os restituiré los años que comió la oruga, el saltón, el revoltón y la langosta, mi gran ejército que envié contra vosotros“(Joel 2:23-25)
Observemos específicamente el versículo 21 de Hechos en diferentes versiones de la Biblia
“Es necesario que él permanezca en el cielo hasta que llegue el tiempo de la restauración de todas las cosas, como Dios lo ha anunciado desde hace siglos por medio de sus santos profetas.” (Hechos 3:21 BAD)
“Por ahora Jesús tiene que quedarse en el cielo, hasta que Dios vuelva a hacer nuevas todas las cosas. Esto también lo anunciaron hace mucho los santos profetas” (Hechos 3:21 BLS)
“a quien es preciso que el cielo lo retenga hasta el tiempo de la restauración de todas las cosas, de las que Dios habló por boca de sus santos profetas desde antiguo“. (Hechos 3:21 EUNSA)
Introducción
En el último tiempo vino a mi una pregunta que jamás antes me había hecho y tiene relación con lo siguiente. Todos estamos de acuerdo y hemos creído que Nuestro Señor Jesucristo fue resucitado por el Espíritu Santo al tercer día. Posterior a esto Jesucristo se manifestó a sus discípulos con un cuerpo glorificado.
“Jesús le dijo: No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios” (Juan 20:17)
“Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado. Y los discípulos se regocijaron viendo al Señor” (Juan 20:20)
Aunque Cristo había resucitado en un cuerpo glorificado, sin embargo el llevaba consigo la marca en su costado y las marcas de sus manos, por los clavos de la cruz.
” Luego dijo a Tomás: Pon aquí tu dedo, y mira mis manos; y acerca tu mano, y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente” (Juan 20:27)
“y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen” (1Cor 15:4-6)
Y es aquí donde viene la pregunta. Cristo, una vez resucitado solamente se apareció a sus discípulos, a los quinientos y a los apóstoles. Sin embargo, ¿Por que Cristo una vez resucitado no fue a predicar el evangelio? ¿Por que si ya se había cumplido la promesa de la resurrección al tercer día, (cuando dijo que el destruiría el templo en tres días), no proclamó a toda la ciudad su resurrección?
Humanamente es ilógica la forma de actuar de nuestro Señor. Su mensaje era que moriría y resucitaría. Por eso lo condenaron y lo mataron. Pero ¿Por que posteriormente a resucitar, no lo proclama a los cuatro vientos? Me imagino que hubiese pasado, si luego de la resurrección, Cristo glorificado hubiese hecho su entrada triunfal en Jerusalen. Toda la ciudad vio como lo habían matado y crucifiado. Imaginate la revolución que hubiese sido. Y ahora ya no lo podrían matar. Tenía todo el poder. Había vencido al enemigo. Imagínate el encuentro cara a cara entre ese Jesús glorificado y Pilatos quien lo mato. Y que Pilatos hubiese visto los agujeros en las manos de Jesús. O más aun, ver a Caifás, el Sumo Sacerdote, frente a frente a Jesús resucitado.
Dejame llevar un poco más allá mi imaginación. Cristo ya no moriría jamás, podría haber estado en la Tierra en su poder por todo el tiempo que quisiera. Viajar por todos los países contando su historia, que fue crucificado y mostrando como evidencia las marcas en sus manos y en sus pies. Y de esta forma todo el mundo hubiese salvo por el mensaje de la misma boca de Jesucristo.
Sin embargo, todos sabemos que esto no aconteció. Más bien, solamente estuvo con ellos cuarenta días, y posteriormente fue ascendido a los cielos
“hasta el día en que fue recibido arriba, después de haber dado mandamientos por el Espíritu Santo a los apóstoles que había escogido; a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios” (Act 1:2-3)
En la última frase de este versículo comienza a aparecer sutilmente la respuesta a esta intrigante pregunta
El Reino de Dios
Juan el Bautista cuando comienza su ministerio anuncia un mensaje poderoso
“y diciendo: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.” (Mat 3:2)
Cuando Juan el Bautista hablaba de la venida del Reino de los Cielos, por mucho tiempo pensé que se estaba refiriendo a la venida de Jesucristo. Sin embargo cuando Jesucristo llega a la Tierra el mensaje que el proclama es
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado.“(Mat 4:17)
Es sorprendente. Cuando Jesús hace su entrada en la Tierra el no dice. Arrepentíos porque el Reino de los Cielos llegó, sino que dice….se ha acercado. Otra versión dice
“Desde entonces, Jesús comenzó a anunciar: “Cambien su manera de pensar y de vivir porque el reino de Dios viene pronto“. (Mat 4:17 PDT)
Ahora, junto con esto, el mensaje que Cristo le mandó a predicar a sus apóstoles era
“Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.”(Mat 10:7). De la misma forma, el Señor no les manda a proclamar que el reino de los cielos ya llegó, sino más bien que el Reino de los Cielos se ha acercado.
Entonces la pregunta que viene a nosotros es ¿Entonces cuando llega el Reino de Dios a la Tierra?
Cuando Jesús se les manifestaba antes de ascender, Lucas nos habla en Hechos que el les hablaba del Reino de Dios. Pero posteriormente les habla sobre la promesa del Padre la venida del Espíritu Santo.
“a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días“. (Hechos 1:3-5) y posteriormente agrega
“Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (Hechos 1:7-
En mis estudios universitarios sobre política he aprendido algo. Un Reino o nación para lograr imponerse necesita un elemento que si no lo tiene, de nada sirve la autoridad que se pueda tener. Ese elemento es el PODER.
Los discípulos anteriormente habían recibido la autoridad de parte de Jesucristo, sin embargo ellos se movían con el poder de Jesucristo.
“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia” (Mat 10:1)
Pero cuando Jesús se va, ellos no pierden la autoridad, pero no pueden ir a proclamar el evangelio fuera de Jerusalén, porque Jesús ha sido quitado y necesitaban el PODER.
Entonces, ¿cuando comienza a manifestarse el Reino de Dios en la Tierra?. El Reino de Dios comienza a manifestarse con la venida del Espíritu Santo sobre la Tierra
“Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios.” (Mat 12:2
El Reino de Dios llega a nuestra vida cuando viene el Espíritu Santo.
Nacer del Espíritu: Ver el Reino de Dios
Dios nos ha permitido abrir nuestros ojos espirituales, y nacer del Espíritu, es decir, ser dominados por el Espíritu de Dios para comenzar a ver el Reino de Dios
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3)
Es impresionante cuando Jesús les dice a sus discípulos:
“También les dijo: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte hasta que hayan visto el reino de Dios venido con poder” (Mar 9:1)
Aquí nos queda más claro, que en este versículo Jesús se estaba refieriendo a la venida del Espíritu Santo. Dice algunos, porque no iban a estar todos los doce, sino que cuando vino el Espíritu Santo, Judas ya había muerto
El reino de Dios es el poder ejecutado en la Tierra a traves de Jesucristo en la vida del Ser humano
“Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder” (1Cor 4:20)
La respuesta a la pregunta anterior de por que Cristo no predicó y ganó todo el mundo para Cristo, es porque esta misión estaba reservada para el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es quien traerá el Reino de Dios a la Tierra con Poder. Y es aquí cuando la pregunta anterior se une con la pregunta que titula este blog (¿Que retiene la venida de Jesús?). Pero para estas dos preguntas hay una misma respuesta
El Reino de Dios: Restauración de todas las cosas.
Cuando Dios diseño al hombre, lo creó a su imagen y semejanza. Pero lo creó con un propósito
“Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra” (Gen 1:26)
Dios hizo al hombre para que el pudiese ejercer dominio sobre la tierra (reinar), sin embargo, Satanás lo hizo caer y el hombre quedó esclavizado por el pecado. En ese momento entró la corrupción en la Tierra. Sin embargo la Biblia nos dice que Jesús con su muerte y resurrección se convirtió en el segundo Adán
“Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo” (1Cor 15:45-47)
Cristo al venir a la Tierra fue el segundo Adán, la manifestación misma del cielo. Cristo cuando vino murió en la cruz, restauró todas las cosas en el mundo espiritual.
“Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu” (Juan 19:30)
Restaurar todas las cosas a través de nosotros
Cristo restauró el error que había cometido Adán haciendo todas las cosas nuevas. Sin embargo, aun no encontramos la respuesta a porque el cielo aun retiene a Cristo, si Cristo ya restauró todas las cosas. Sin embargo el apostol Pablo nos da la asombrosa respuesta.
“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2Co 5:17)
Dios restaurará todas las cosas pero a través de nosotros y del Espíritu Santo. Por motivos de espacio no puedo precisar todo lo que abarca la restauración de todas las cosas. Sin embargo, lo que si nos damos cuenta, es que Dios quiere restaurar el papel de Adán de dominar todo, pero a través de cada uno de nosotros en Cristo y el poder del Espíritu Santo. Solamente Cristo está en nosotros, y El dentro de nosotros quiere restaurar su Reino, restaurar la autoridad del hombre.
Finalmente la venida del Señor Jesús se producirá cuando el se manifieste plenamente en el hombre, es decir, cuando el segundo Adán tome dominio de todo, es decir, Cristo en nosotros.
“a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria“(Col 1:27)
Observemos estos tremendos versículos.
“y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo; los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder, cuando venga en aquel día para ser glorificado en sus santos y ser admirado en todos los que creyeron (por cuanto nuestro testimonio ha sido creído entre vosotros). Por lo cual asimismo oramos siempre por vosotros, para que nuestro Dios os tenga por dignos de su llamamiento, y cumpla todo propósito de bondad y toda obra de fe con su poder, para que el nombre de nuestro Señor Jesucristo sea glorificado en vosotros, y vosotros en él, por la gracia de nuestro Dios y del Señor Jesucristo” (2Tes 1:7-12)
Y en este otro versículo vemos como Cristo se glorifica
“y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz.” (Mat 17:2)
Es impresionante. Cuando Dios venga a la Tierra el se glorificará en nosotros. En nuestras vidas y ser admirado en los que creyeron. Ser admirado en nosotros¡¡¡ Es decir, el mismo Cristo resplandecerá en nuestros cuerpos, en nuestras vidas.
“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial“ (1Co 15:49)
La palabra imagen aquí denota semejanza, por lo tanto, es a la semejanza de Dios. Tal como fue planeado en el inicio.
“y dijo: «Hagamos al ser humanoa nuestra imagen y semejanza..» (Gen 1:26)
Es aquí cuando se cumple la profecía de Isaías
“Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz, y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.“(Isa 60:1)
Y la gloria de Jehová es Cristo, el resplandor de su gloria. Y la promesa es que Jesús ha nacido en nosotros. Cuando la gloria de Jehova, es decir, Cristo haya nacido sobre nosotros es que el comenzará a resplandecer sobre nosotros. Y lo más impresionante de este versículo, es que el Apostol Pablo nos habla sobre la venida del Señor. El libro de segunda de Tesalonicenses incluye mucho el tema de la segunda venida del Señor.
“Entonces verás, y resplandecerás; se maravillará y ensanchará tu corazón, porque se haya vuelto a ti la multitud del mar, y las riquezas de las naciones hayan venido a ti.“(Isa 60:5)
En esta profecía se juntan ambos elementos. La restauración de todas las cosas, y Cristo resplandeciendo en nosotros. Es el mismo, el que se manifiesta a través de nuestros cuerpos y resplandece.
Tu podrías preguntar. ¿Pero esto ha pasado anteriormente? Y la respuesta es SI¡¡¡¡
“Entonces todos los que estaban sentados en el concilio, al fijar los ojos en él, vieron su rostro como el rostro de un ángel.·”(Hechos 6:15)
El rostro de un ángel, es un resplandor. Era porque la gloria de Cristo estaba sobre Esteban.
Conclusión
Esto es lo que pasará en nosotros. Cristo no predicó el evangelio posterior a su resurreción a toda la humanidad, porque el Espíritu de Dios y la Iglesia trabajan juntos para la restauración de todas las cosas, es decir, la implantación del Reino de Dios sobre la Tierra. Cristo ya restauró todas las cosas en la cruz, todas las cosas son nuevas en el. Pero Cristo lo culminará ahora tomando nuestros cuerpos humanos, y esto lo permite el Espíritu Santo, engendrado a Jesús en nosotros, haciendo que su gloria resplandezca en nosotros. Traemos su Reino y la restauración de todas las cosas, cuando Cristo esta en nosotros, nace en nosotros y se manifiesta en nosotros.
Finalmente como dice Tesalonicenses, los pueblos admirarán a Jesucristo, pero no sólo viniendo en una nube, sino que lo admirarán en nosotros, porque seremos portadores de la gloria de Dios. Recuerdas que la gloria de Dios venía solamente sobre el templo. Nosotros somos el Templo del Espíritu Santo
“¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros? (1Co 6:19)
Cristo aun no viene, porque su iglesia tiene que resplandecer. Cada uno resplandecerá con Cristo en su interior. Junto con esto, la iglesia restaurará el Reino de Dios en la Tierra con el Poder del Espíritu Santo.
Por eso nuestra oración y búsqueda debe ir en dos áreas
“Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.“(Mat 6:10)
“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.” (Mat 6:33)
La Misión de la iglesia es restaurar todas las cosas, manifestándolo a través de nuestras vidas. Estamos viviendo los tiempos más espectaculares que cualquiera pudiera haber venido.
“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1Pe 2:9)

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