Cristiana de Hoy: Rejuvenecerse como las águilas
Enero 1, 1970
«El Señor sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas
como el águila.» Salmo 103:5
Asistiendo a la escuela dominical de pequeña, tuve que aprenderme el Salmo 103
de memoria; me llamaba la atención este versículo 5, y me llamaba la atención
porque no lo entendía. ¿Qué quería decir eso de «rejuvenecerse como el águila»?
¿Cómo se rejuvenece un águila? Por más vueltas que le daba, no le encontraba
explicación y terminé por pensar que no era más que una frase bonita, una imagen
poética. Podía visualizar la majestuosidad del vuelo, aquellas enormes alas
planeando bajo un cielo límpido y azul... Era ciertamente una visión preciosa.
Han pasado los años, y ahora que mi juventud es apenas un recuerdo y me enfrento a la realidad de que tengo que esforzarme cada día para hacer cosas que antes hacía con toda facilidad, la palabra «rejuvenecer» cobra un nuevo interés. No sólo porque mis fuerzas físicas van disminuyendo, sino porque me planteo si, desde el punto de vista espiritual también «envejecemos». A veces nos sentimos como si nos faltara el ánimo, la ilusión, e incluso las fuerzas para seguir adelante con nuestro testimonio, nuestras actividades, nuestros ministerios, y pienso que vendría muy bien una renovación, un rejuvenecimiento.
Recordé algo que ví en Internet hace un tiempo relacionado con las águilas que ha ido cobrando vigencia a causa de mis circunstancias actuales.
Parece ser, según han constatado estudiosos de estas aves, las
águilas, que suelen vivir alrededor de 25 años. Al alcanzar esa edad, entran en
una etapa en la que sus plumas comienzan a caerse, y su gastado pico ya no les
sirve apenas para alimentarse. Llegado ese momento, las águilas pueden dejarse
morir. No pueden luchar contra el frío de las cumbres durante el invierno, al
estar desprotegidas por la pérdida de su plumaje, y también pueden morir de
inanición porque ya no pueden servirse de su pico para conseguir su comida.
Pero hay otra opción. Algunas águilas (¡y espero que sean la mayoría!) elevan su
vuelo, en un tremendo esfuerzo por su debilidad, hasta los picos más
inaccesibles y solitarios, y allí se arrancan con el pico, una a una, las plumas
que aún les quedan, y luego golpean su gastado pico contra las peñas hasta
arrancárselo. Después, poco a poco, se va cubriendo de un nuevo plumaje, y un
pico nuevo les vuelve a crecer.
No sé el tiempo que lleva ese proceso de rejuvenecimiento, pero lo que sí mencionan estos estudiosos de las aves, es que estas águilas pueden vivir otros 25 años más tras su renovación.
Este ejemplo de las águilas me ha proporcionado muchas aplicaciones útiles. Cuando nos sintamos débiles espiritualmente, no importan ni la edad ni las circunstancias, podemos «dejarnos morir», resignándonos (odiosa palabra) como si fuera algo natural que llega con el tiempo, o podemos optar por «alzar el vuelo», desechando nuestros gastados hábitos, y esperar hasta recibir nuevas fuerzas aunque durante la espera tengamos que pasar por una etapa de dolor y prueba. Merecerá la pena, porque saldremos rejuvenecidos y fortalecidos para continuar con nuestra labor.
Hay otro versículo que me ha ayudado en esta etapa de «descubrimiento de la vejez», y que tiene mucho que ver con lo arriba expuesto. Se trata del Salmo 92, versículos 12 a 15:
«El justo florecerá como la
palmera; crecerá como cedro en el Líbano.
Plantados en la casa de Jehová, en los atrios de nuestro Dios florecerán.
Aún en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes,
Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto,
Y que en él no hay injusticia.»
Esta preciosa promesa es para mí; me la he apropiado. Como muchas promesas de la Palabra, tiene sus condiciones.
La primera condición, que yo veo implícita, es que para dar fruto como la palmera y crecer sana, debo estar «plantada en la casa de Dios», con todo lo que eso implica en cercanía y comunicación; y la segunda, es que hay un propósito para mantenerme vigorosa y sana, y es para que pueda anunciar a mi alrededor que el Señor, mi fortaleza, es recto y que no hay ninguna injusticia en Él.
Y si queremos recibir otra dosis de
ánimo, está el pasaje de Isaías 40:29-31:
«El da esfuerzo al cansado, y
multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen:
Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas;
levantarán alas como las águilas;
correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.»
Tenemos un Dios y Padre que nos ha creado, nos ha perdonado, nos sostiene, nos soporta y, cuando nos ve cansados y desanimados, nos da la oportunidad de renovarnos, de «rejuvenecernos como el águila»... ¡Gloria a Él!
Otra cosa que he aprendido con esta lección de las águilas, y
que es tan importante como lo expuesto, es que en la Palabra de Dios no hay ni
un solo versículo que no tenga significado. No hay «frases poéticas» per sé, ni
bonito relleno, sino que cada expresión en la Palabra tiene su significado,
aunque momentáneamente no lo entendamos, como me ocurrió a mí de niña con el
versículo 5 del Salmo 103. Más tarde o más temprano, el Señor nos revelará el
significado, y lo hará a su tiempo, cuando verdaderamente necesitemos entenderlo.
©
Marta Arenzana
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