EL PEQUEÑO QUE ME SIGUE
Abril 28, 2008
“EL PEQUEÑO QUE ME SIGUE”
Quiero ser muy cuidadoso
porque un pequeño me sigue.
No quiero yo desviarme
porque temo que él me siga.
No escapo de su mirada,
lo que me ve hacer también lo intenta.
Como yo soy,quiere ser también,
el pequeño que me sigue.
Debo recordar mientras vivo,
en los veranos soleados y la nieve de invierno,
que estoy construyendo los años
del pequeño que me sigue.
(Tomado de “Desarrolle el líder que está en usted” de Jhon Maxwell)
El pequeño que me sigue tiene 4 años y 4 meses y se llama Sebastián Andrés. El nació el 18 de Agosto del 2003 en la Clínica Good Hope del distrito de Miraflores. El pequeño que me sigue quiere ser como yo, y me lo ha dicho mil veces. Felizmente aún no entiende que soy un ser lleno de imperfecciones (no me refiero a las físicas y evidentes jeje) que requiere aún ser trabajado por las manos del Maestro. El hecho que aún no entienda de ello, felizmente también, me da tiempo para trabajar esos aspectos que ya han sido perfectamente identificadas gracias a las críticas amorosas de mi esposa y otras de algunos entrañables amigos.
Hay momentos que disfruto enormemente con el pequeño que me sigue. Por ejemplo esos mágicos 10 minutos de camino desde nuestra casa hasta el colegio. Pasar por el colegio feo y “que feo ese colegio papito todo pintarrajeado, todos los niños están tristes ¿no papito? Mi colegio es bonito los papitos y mamitas se quedan felices, pero este colegio es tan feo” y no pasan ni dos cuadras y “si, si, si, yo quiero que me dejes en el colegio feo”, es entonces que el nudo en la boca del estómago aparece y la carcajada no logra quedarse dentro. Lamento la llegada de las vacaciones para él (aunque bien merecidas las tiene), pero a mis mañanas le faltan esos mágicos 10 minutos.
Esto de la influencia es toda una responsabilidad, y queramos o no, todos influimos o somos influenciados por algo y/o por alguien. Para mi es una carga, que acepto con la mayor responsabilidad y amor, ser la persona de mayor influencia en “el pequeño que me sigue”. La otra vez cruzaba la avenida Brasil a la altura de San Felipe mientras la luz del semáforo estaba aún en verde, y mientras la cruzaba éste cambió a ámbar y luego a rojo sin que yo haya terminado de cruzar la avenida. “Papito te pasaste la luz roja, eso no se hace”. No hubo forma de hacerle entender que cuando empecé a cruzar la avenida el semáforo estuvo en verde y que no había cometido una infracción. “Cuando yo sea grande también voy a cruzar cuando el semáforo está en rojo, si, yo también”. He necesitado muchos días y muchos semáforos para enseñarle al pequeño que me sigue que hay que respetar el semáforo. Hace unos días mientras jugaba con su Lego de policías el agente motorizado le decía a otro muñeco: “Por haberse pasado una luz roja, lo voy a llevar a la cárcel”. Sonreí pensando que había conseguido entender mi enseñanza. Me alegré y decidí cuidar cada paso que doy para no ser una mala influencia para el pequeño que me sigue.
En estos días de vacaciones, he pasado mucho tiempo con Sebastián. Han sido días que seguramente el no olvidará nunca. He disfrutado momento a momento sus días, las cosas que le gustan, sus temores, sus ocurrencias, sus seguidillas de preguntas y sus locuras. Hay tanto por hacer en la vida de mi niño, lo veo hacer la siesta a mi lado y proyecto mi mente y lo veo allí mismo echado con un pequeño que lo sigue, que le hace las mismas preguntas repetidas y rebuscadas como las que me hace a mi. ¿Qué habrá de ser del pequeño que me sigue? Solo se que mientras Dios me de fuerzas, detendré el mundo con mis manos si es necesario, para hacer de él un hombre que ama a Dios, a su familia, a su prójimo; una persona que por encima de sus logros personales tenga en cuenta que un divino ojo visor ve cada uno de sus pasos y en función a ello actúe.
Falta mucho por recorrer, esto recién empieza para mí, y desde luego para él también. Quiero que el pequeño que me sigue encuentre su mejor influencia en la vida de Jesús, pero ahora mismo es muy difícil para el entender los conceptos de divinidad y de omnipresencia de Dios. La mejor referencia de un ser superior para mi hijo definitivamente soy yo: soy más fuerte que él, soy más grande que él, él depende de mí, yo decido por ahora sus pasos y las cosas de su entorno, y por eso mismo quiero que en base a su relación conmigo, Sebastián pueda establecer una sana relación con Dios Padre.
Algún día el pequeño que me sigue será grande y seguramente tendrá un pequeño que lo sigue. Ojala Dios me conceda el ser testigo de esos días, y ser un espectador de la forma en como él guiará a ese pequeño que lo seguirá. Allí me daré cuenta si logré cumplir mi objetivo en esta tierra: Hacer de mi hijo una persona honorable ante los ojos de Dios, de los hombres, y desde luego… del pequeño que lo siga.
Te amo “Muñequido”.
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Publicado originalmente el 18.01.2008 en http://elrincondeltavo.blog.terra.com.pe
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