La neurosis del ama de casa
Enero 1, 1970
En nuestros tiempos pareciera que el ser ama de casa es una profesión poco valorada y últimamente rechazada. Mientras las madres jóvenes se niegan a vivirla como un oficio digno y único, las madres con más años de experiencia se sienten cansadas – hasta podríamos decir hastiadas – de la monotonía y de la carga de trabajo tan pesada en el aspecto físico, emocional y a veces hasta espiritual. A esto lo llamamos neurosis del ama de casa: el punto en el cual ya es molesta y cansada la labor del hogar o simplemente ya no se encuentra una motivación para hacerla, lo que ocasiona que sea más pesada. El resultado es que el ama de casa parece estar enojada todo el tiempo, irritándose por cualquier cosa, o estar en el otro extremo de desánimo y hasta una aparente «depresión».
Ante tal neurosis hemos de revisar algunas raíces de esta condición:
Falsas expectativas
Generalmente se tiene una idea del matrimonio diferente a la realidad. En nuestra sociedad postmoderna principalmente vemos como se promueve una idea de libertad para la mujer, feminismo, independencia y realización fuera de la actividad en casa. Al llegar al matrimonio, esperamos que todo cuadre dentro de este concepto, y al no hacerlo, llega la frustración.
Otro tipo de expectativa es el esperar que un príncipe azul nos saque de nuestra miseria, el apostar la felicidad completa en el acto de casarse y tener ya un hogar propio. Consideramos éste el final feliz del cuento, cuando en realidad es el inicio de una vida llena de retos y nuevas emociones.
Autoestima no sana
En ocasiones el conflicto está en la persona misma, en no ver su valor, no reconocer todo lo que es capaz de hacer y lo que esto significa, así que se busca el valor en la ocupación o en lo que se hace hacia otros, y al no encontrar satisfacción en el hacer, llega a ser una carga más.
Monotonía
Ahora bien, tal vez sí se tenían expectativas sanas y correctas, o tal vez sí existe una autoestima sana, pero con el paso del tiempo sencillamente se pierde la emoción y la satisfacción, ya no se ven nuevas metas, todo se vuelve un ciclo repetitivo. Esto pasa en cualquier actividad, no sólo en la del ama de casa; en cualquier oficio, después de determinado tiempo de seguir la misma rutina, se llega a un punto de aburrimiento, aplanamiento, que obviamente influye en las emociones.
Una vez reconocida la raíz de la inconformidad, lo siguiente es reemplazar cada idea errónea por la correcta y empezar a llevarlas a la práctica.
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© Ivonne Chávez Quintana, Elizabeth Ramírez Amador
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