María los domingos; Marta los lunes
Enero 1, 1970

Cuando llega el lunes por la mañana, puedo convertirme en «Marta» muy rápido,
después de haber sido «María» el día anterior. El día anterior, domingo, me he
sentado a los pies de mi Señor, escuchando un mensaje de su Palabra. Pero según
empiezo a darme cuenta de todas las cosas que hay que hacer, me siento
preocupada y esclava de la lista de quehaceres. Hay ropa para lavar, platos
sucios en la pila, una comida por preparar, comida que necesitamos comprar,
camas por hacer, suelos por barrer y fregar, llamadas que hacer, por no
mencionar la plancha. La lista continúa.
Sin embargo, ¿acaso no es por eso – para atravesar estos momentos de estrés –
que mi relación con Dios es tan importante? Recuerdo una noche cuando me fui a
la cama y me tumbé encima de la manta eléctrica durante un buen rato hasta que
me di cuenta de que ¡no la había enchufado! ¿Por qué no nos enchufamos a la
fuerza de nuestro Señor en lugar de creer la mentira de Satanás y tratar de
hacerlo todo por nosotras mismas? Es como si pongo a Dios sobre el estante y
digo, «¡Voy a hacer este trabajo yo sola!» ¡Nuestra autosuficiencia nos hace
daño!
¿Es posible hablar con Dios en medio de todo? Mi hermana mayor compartió conmigo
como ella solía recordar mi madre cantando mientras hacia la colada. (¡Mi madre
tenia 7 hijos!)
A menudo no me doy cuenta del privilegio que es tener una familia porque la
rabia que tengo es por el trabajo que tengo que hacer para ellos. Esto no tiene
nada de sentido porque yo oré durante mucho tiempo para tener un marido con la
esperanza de llegar a formar una familia. Puedo empezar a enfadarme con mi
familia los lunes si ellos interrumpen mi horario. En muchos casos es el
resultado de un corazón egoísta. Si, puedo decir que lo hago todo por suplir las
necesidades de mi familia, pero debo recordar lo que dice 1 Corintios 13:1-3:
«Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, he llegado a ser
como metal que resuena o címbalo que retiñe. Y si tuviera el don de profecía, y
entendiera todos los misterios y todo conocimiento, y si tuviera toda la fe como
para trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si diera todos mis
bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser
quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha».
Si tengo todas estas cosas pero no tengo una buena actitud al hacerlo, no soy
nada.
La palabra de Dios se aplica a nuestro trabajo en casa. Filipenses 4:6: dice,
«Por nada estéis afanosos; antes bien, en todo, mediante oración y súplica con
acción de gracias, sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios.»
Quejarse entristece el corazón de Dios. Sin embargo, una repuesta de queja y
amargura es lo que permito que entre cuando me siento desbordada. Yo soy la
jefe, no mi Dios. Yo soy la que dirige, no el Espíritu Santo.
Siendo prácticas, esto significa que es necesario no tener metas demasiado
altas. Es más importante tener dos metas que ocho.
Otra idea es hablar con tu esposo sobre tu horario. Es bueno comunicarse en
cuanto a qué es lo más importante que hay que hacer ese día y cómo es posible
trabajar en equipo. Cómo aprecio cuando mi marido desea ordenar sus planes para
el día. Pero yo también necesito ser sensible a su horario y ayudar en lo que
puedo. Por ejemplo, el otro día yo quería tener un tiempo de oración por
nuestros hijos y también un tiempo para hacer natación. Pero parecía imposible
ya que tenía que llevar a mi hijo a la escuela. Normalmente me perdería tanto la
oración como la natación, pero sentí una necesidad auténtica de hacer ambas
actividades. Por el simple hecho de mencionarlo a mi marido y hablar sobre ello,
me di cuenta de que él podría cambiar un compromiso con bastante facilidad, lo
que haría posible que él llevara a nuestro hijo a clase.
1 2 > Siguiente >>
© Mary Kay Eichelman
Continúa leyendo en la fuente original:
»» http://www.cristianadehoy.com
Comments
Got something to say?
