Misiones en alta mar
Enero 1, 1970
La primera vez que escuché hablar sobre Operación Movilización (OM) tenía
16 años. Llevaba pocos meses en la universidad cuando comenzó una huelga
estudiantil que hizo difícil que asistiera con regularidad a las clases. Mi
madre era la secretaria de la iglesia donde éramos miembros y estaba revisando
el correo recibido esa tarde. De repente dijo, «Mira, Lisa, hay un
barco-librería cristiano que viene para San Juan y necesitan voluntarios».
Llamamos al teléfono de contacto sin imaginar que esa llamada cambiaría el rumbo
de nuestras vidas.
Desde los 12 años había vivido con la ilusión de ser misionera, pero no sabía
qué pasos dar ni por dónde empezar. El ir en 1981 de voluntaria al barco
Doulos fue el agua que regó esa plantita, ayudándola a echar raíces de
esperanza en mi corazón, que se harían realidad en mayo de 1986 cuando salí de
mi isla para unirme como tripulante del barco Logos.
La historia de OM se remonta a los años ’50, con una viejecita norteamericana
que oraba por los jóvenes estudiantes de la escuela frente a su casa. Uno de
esos jóvenes era Jorge Verwer, que fundaría OM. Como fruto de interrogantes que
él tenía en su corazón, decidió asistir a una campaña de Billy Graham y allí
recibió a Jesús como Salvador. De personalidad más bien extravagante, Jorge
entregó a Dios todo su ser y se convirtió en un «activista» para Cristo.
Ya en 1956 decidió comprometerse con las misiones. En 1957 se unió a una campaña
evangelística en México junto a dos amigos universitarios, y esto les dio la
idea de hacer campañas durante los veranos para movilizar a jóvenes de los
colegios y universidades adyacentes para predicar el evangelio en diferentes
partes del mundo. Estos viajes misioneros estivales han sido la base de OM desde
el principio y un área muy importante de la estrategia evangelística: aprovechar
las vacaciones para invertir tiempo, dinero y esfuerzo en un proyecto de alcance
para la eternidad.
A
mediados de los años ’60, Jorge comenzó a orar por un ministerio con barcos para
ir hasta la India, llevando gente de diversos países a entrenarse en misiones
allí y en otros países cercanos. Esa idea – un tanto loca para algunos en ese
momento – fue tomando forma a través de la provisión de Dios de dinero y
personal, y en 1970 dieron el gran paso de fe de comprar un muy bonito, pero
pequeño y un poco viejo, barco llamado Umanac, que se convirtió en el
Logos. En 1977 se lanzaron a la compra de otro barco más grande que
bautizaron como Doulos.
Cuando yo me uní al Logos lo hice con grandes expectativas y mucha emoción ya
que era el cumplimiento de muchos años de oración y preparación para poder salir
al campo misionero. Para mí fue la realización de un sueño que muchas veces me
había parecido extremadamente lejano.
Catherine R Navarro fue una de las primeras chicas que conocí a bordo. La muy
enérgica y simpática colombiana resume su experiencia con OM de la siguiente
manera:
Mi tiempo con OM me abrió los ojos, me brindó una perspectiva más amplia,
pude poner en práctica enseñanzas bíblicas y entender el amor y compasión de
Dios hacia la humanidad. Yo llegué muy joven a OM, así que me maduró,
fortaleciendo mis bases cristianas para entender que mi compromiso es con Dios,
que la razón de mi existir es Él, que al servirle, mi vida tiene sentido, que no
tengo que ser «super especial y tener toda clase de dones». El usa gente común y
corriente.
Educativamente aprendí de culturas, idiomas, costumbres, enseñanzas bíblicas,
formas efectivas para presentar el evangelio, etc.
Laboralmente me preparó para trabajar honesta y profesionalmente porque lo que
hago, lo hago para el Señor.
En cuanto a lo familiar, (me ayudó) a darme cuenta que mi familia va más allá de
la que vive bajo mi mismo techo. Tengo una familia inmensa en Cristo a la cual
debo respeto y cariño; y a los que no son familia... los puedo invitar a ser
parte de ella. De hecho, creo que fue mucho más fácil adaptarse a la vida en OM
que regresar a la vida «normal».
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© 2007 Lisania Meléndez-Rhoton
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