Plantearse un año sabático

Enero 1, 1970



Un año entero para encontrarte. Para indagar en lo que más te apasiona. Para concentrarte en tu crecimiento espiritual. Para romper con el agobio y la rutina y experimentar algo completamente nuevo.

Un puro lujo. ¿Quién se puede desenredar de sus compromisos – del trabajo, de los estudios, de los ministerios, del novio, o de la familia? ¿Quién puede tener la desfachatez de hacer semejante paréntesis en su vida?

Al parecer, los hebreos sí que pudieron en ocasiones. Dios instituyó descansos para Israel: un día a la semana; días seguidos de fiestas; un año sabático de descanso para la tierra cada siete años; un año de tranquilidad para recién casados; e incluso un año de jubileo cada 50 años en el que se cancelaban deudas, liberaban a los esclavos, y se devolvían tierras a sus propietarios originales.

Viendo el peso que da Dios al descanso, las actividades sabáticas se deberían reconsiderar como imprescindibles. Sin embargo, existen unas ideas equivocadas en torno al tema:

 

1. «No puedo estar un año sin hacer nada.»

Un sabático no es «hacer nada». Es cambiar de actividad, re-crearse. Un año sabático está abocado al fracaso si no tiene un propósito claro y una estructura para alcanzar esa meta.

Hay gente que negocia con la empresa para tomarse un tiempo para cuidar de sus hijos o para avanzar académicamente. Otras actividades sabáticas son:
• apuntarse como voluntaria a una misión u ONG;
• enfocarse en un discipulado intensivo;
• dedicarse a trabajar y ahorrar en el caso de ser estudiante;
• estudiar algo que no tenga que ver con la carrera propia;
• aprender otra cultura e idioma.

 

2. «Es algo que sólo hacen los ricos. No puedo permitirme un año sin trabajar.»

Tal vez los ricos sean de los pocos que puedan pasar un año a lo «viva la vida», pero no son los únicos que pueden disfrutar de un sabático. En primer lugar, un año sabático no excluye el trabajo. Y en segundo lugar, no hace falta mucho dinero para realizar un año sabático aunque sea en otro país. Con un poco de planificación, se puede trazar un presupuesto modesto para viajar a base de hostales, transporte barato, y supermercados.

 

3. «No me querrán contratar de nuevo en el trabajo.»

«A tu retorno, si te has preparado profesionalmente y te has hecho valer, podrás rehacer tu carrera» – dice Jordi Pomarol, director general de Mercer Human Resource Consulting en el momento de la entrevista, que decidió recorrer el mundo con su mujer. Actulidadeconomica.com dice que la empresa le apoyó y a los pocos meses de su vuelta fue ascendido.

 

4. «Sólo las solteras pueden hacer algo así.»

Cuando mi marido decidió aprender inglés mejor para acceder a un seminario de habla inglesa, dedicamos nuestro primer año de matrimonio a trabajar en un hotel cristiano en Inglaterra. Sacamos el máximo partido a nuestros días libres, ya fuera conociendo el país, orando, o pasando el día leyendo en la biblioteca. Aunque inicialmente no lo planteáramos como tal, realmente fue un año sabático. Nuestros objetivos, además, se cumplieron: mi marido aprendió inglés, ahorramos dinero, y nos unimos como matrimonio.

 

5. «No puedo permitirme un año entero de sabático.»

Puede ser un curso o un verano o seis meses. El caso es echar el freno de mano intencionalmente e invertir en tu vida de manera significativa.

Hay situaciones en las que sería imposible tomarse un sabático, pero a veces simplemente no nos atrevemos a replantear nuestras actividades. Te animaría a reconsiderar el rumbo de tu vida y a incorporar tiempos deliberados de crecimiento y cambio.

Ir a Entrevista con Rut Calvo Tello, que te cuenta su experiencia de año sabático.

© Elizabeth Clark Wickham

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http://www.cristianadehoy.com

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